Segunda Oportunidad

1179 Palabras
— Bueno, así que has venido a por ese café ¿eh? Adri dejo la taza humeante frente a Leo, dedicándole la mejor de sus sonrisas. Éste intento corresponder, pero solo le salió una mueca que le desfiguró la expresión. — ¿Estás mejor esta mañana? — Sí, un poco. — Pues tienes aspecto de no haber descansado nada. — Que sí, que he conseguido dormir tres o cuatro horas... — Vale, deja de intentar convencerme, tienes peor cara que ayer. No lo niegues, recuerda que yo soy la observadora. No se me escapa nada de lo que pasa en mi cafetería. Es cierto, su rostro tenía un aspecto ceniciento, agravado por las ojeras y la mirada apagada. — A ti no puedo engañarte ¿verdad? — Ni a mí, ni a nadie: tienes un aspecto horrible. Esto va a requerir algo más que un café ¿te traigo una napolitana de manzana? Adri sabía que eran sus favoritas, así que hizo el gesto de volverse para ir a por una pero Leo la cogió de la mano deteniéndola, en un gesto que la sorprendió a ella tanto como a Isabel, que no perdía detalle desde la barra. — Ayer me hizo bien hablar contigo ¿sabes? indicó a modo de explicación. En esta ocasión levantó la cabeza y le dirigió una mirada suplicante. Adri dio una ojeada alrededor, aunque no necesitaba hacerlo para cerciorarse de que el local estaba casi vacío a esa hora y que podía permitirse diez minutos de descanso. Le echó una mirada a Isabel antes de sentarse. Esta, le hizo un gesto cómo diciéndole: no te preocupes, ya me encargo yo. Aunque se quedó con la duda pintada en la cara. Pero ¿qué es lo que tramaban aquellos dos? — La vi anoche, vino a buscarme a casa. Me estaba esperando en la calle. — ¿Te refieres a tu novia? — Si, a Martina. Adriana empezaba a explicarse por qué no había pegado ojo Leo. — Y bien ¿qué pasó? — Yo no quería hablar con ella, me dolía solo mirarla. Pero tuve que hacerlo. Se plantó delante de mí y supe que si no le daba la oportunidad de explicarse, no me dejaría en paz. — ¿Y? — No negó que estuviera esa noche con otro, pero me aseguró que no habían llegado a follar. De hecho, me dijo que fue mi llamada la que les cortó el rollo. Digamos que fue como una señal de la Divina Providencia que evitó que consumaran. No tenía que haber llegado hasta hoy, pero condujo toda la tarde para pedirme perdón en persona, visto que no le cogía el teléfono. Adriana torció el gesto, como cuando le tocaba entrar a limpiar el servicio. Efectivamente, algo apestaba allí. ¿Posible reconciliación? Y una mierda, si ella podía evitarlo… — ¿Y tú te lo has creído? — No sé qué pensar, comentó Leo exasperado. Tampoco sé si me importa si llegaron a acostarse o no. Estaba en la habitación desnuda y él también. Seguro que no estaban viendo la televisión. Para mí ya es suficiente. Adriana no podía estar más de acuerdo, pero procuró que no se le notará demasiado. Ese “¿y tú te lo has creído?” que había soltado hacía unos instantes, le salió incontenible y sonó casi a reproche. Ella misma se había sorprendido al escucharse en aquel tono. Afortunadamente, el chico estaba demasiado pendiente de sí mismo y de sus problemas para darse cuenta de los matices de la reacción de Adri. Bien, no convenía confundirlo aún más. Ella también había pasado parte de la noche en vela. Si la rotura con su novia era definitiva, eso significaba que Leo volvía a estar en el mercado. No de forma inminente, claro, ahora mismo estaba demasiado hecho polvo, por eso habría que esperar y jugar sus cartas una por una y con infinita paciencia. Si algo le sobraba a ella era paciencia. Adriana no había podido evitar fantasear con ello ¿Sería posible que tuviera una segunda oportunidad con Leo, años después? Lo primero que tenía que pasar es que dejara para siempre a la zorra de su novia. ¿Cómo podía habérsele ocurrido hacer algo así? No entendía a esa chica. Tirar por la borda una relación con un muchacho como Leo... En fin, tenía que decir algo. Parecía esperar una respuesta, por algún motivo se le estaba confiando y parece ser que su opinión contaba para él. — Creo que tienes razón. El que no acabarán acostándose quizás lo hace menos doloroso, pero no cambia nada. Es una cuestión de confianza en tu pareja y ahora mismo esa confianza está rota. Le hubiera gustado añadir que rota ya para siempre, que era una de esas mujeres en la que no podía volver a confiar jamás, pero pensó que era mejor contenerse. Que no se le viera demasiado el plumero. Dejar que las palabras fueran calando poco a poco. Él asintió sin abrir la boca. Agachó la cabeza y pegó la frente contra el mantel. Se estaba viniendo de nuevo abajo. — Leo, no creo que estés en condiciones de ir a trabajar. — No me pasa nada, no puedo faltar. — Sí que te pasa. No estás bien. Puedes tener un accidente, o provocarlo. Necesitas descansar, si tu cabeza no está en su sitio, no harás más que estorbar en el trabajo. — ¿Y qué les digo? ¿Qué no voy porque estoy triste? ¿Qué me han puesto los cuernos? — No tienes que decir nada. Di que no te encuentras bien y te acercas al centro de salud. Que tú medico te haga la baja para hoy. Las bajas de un día no requieren informar de nada, solo un justificante. Descansa hoy y ya mañana será otro día. Leo la miró con curiosidad, no exenta de un poco de asombro. Eso nunca se le hubiera ocurrido a Martina. Esta chica era…bueno, digamos que era distinta. No tenía a quien recurrir para desahogarse, y de repente, ella, que siempre había estado ahí en la sombra, da un paso al frente y se erige en su confesora y consejera. Leo esbozó una sonrisa, esta vez más natural y espontánea. — Tienes razón. Creo que voy a hacer eso. Muchas gracias Adri. Le cogió la mano en un gesto que pretendía ser de agradecimiento, pero ella se estremeció de forma evidente. Como si le hubiera dado un calambre. Mierda, quizás había metido la pata y lo había malinterpretado. Pero casi al instante, Adri le devolvió el apretón. Luego, visiblemente nerviosa, se levantó y se dispuso a continuar trabajando. Leo salió a la calle y tomó aire ¿Qué acababa de pasar allí? ¿Estaba molesta por su gesto o solo sorprendida? Joder, que torpe había sido, pero es que le salió sin más eso de tomarle la mano. Mientras caminaba al centro de salud, cogió el móvil para llamar al trabajo. Observo la pantalla: por primera vez en las últimas horas, ningún mensaje de Martina.
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