Víctor miró el reloj una vez más. El tiempo no es que transcurriera lento, es que parecía ir hacia atrás en vez de avanzar hacia la hora del almuerzo. Apenas llevaba un par de días allí y ya se había dado cuenta que la rutina del trabajo era exactamente igual que en Cuenca. Reponer, colocar, ayudar con los recados y vender detrás del mostrador. Aquello no parecía que fuera una ocasión de prosperar ni de impulsar hacia ningún sitio su carrera profesional. Pareciera que todo lo nuevo, venia de la mano de Martina. Ella era la única que hacia cosas diferentes y de mayor rango, y convertirse en su ayudante, como había ordenado Vanessa, era su mejor oportunidad. Podía enseñarle y abrirle puertas, recomendándolo para otras responsabilidades, si no fuera porque parecía tener cosas mejores que hace

