Suficiente, pensó Leo, así que se decidió a romper el hielo con un par de besos en la mejilla y un saludo de circunstancias, volviendo luego a interponer distancia, sentándose en su silla e invitando a Martina a sentarse al otro lado de la mesa. — Te veo bien…comentó Leo, deseando que se mantuviera el buen clima entre los dos antes de entrar en materia, sea cual fuera esta, que aún no lo tenía claro. — Sí, la verdad es que estas vacaciones me han ayudado mucho: tendrías que haberme visto cuando me fui de Madrid. Estaba hecha una mierda. Aquello no sonó como un reproche, ni para ella ni para él, sino como la constatación de un hecho objetivo, cosa que agradeció Leo. — Y a ti ¿cómo te va? ¿Sigues con la camarera? — Adriana. — Si, perdona, Adriana… respondió ella conciliadora — Sí, seg

