FLORENCIA, ITALIA. No había nada más hermoso ante sus ojos, que su hijo. Gianni heredó los lindos ojos de su padre, esa intensa mirada azulada que tenía el poder de poner en vilo a toda Italia. Su hijo acababa de cumplir los ocho años pero desde niño demostró tener ciertas conductas que de inmediato llamó hereditarias en dirección de su progenitor, pues el físico no era lo único que tenía de su padre. —Te pareces mucho a tu padre, pero también tienes mucho de mí. Lo mejor de ambos. Así que mi hijo es el hombre más hermoso de toda Italia—exclamó con orgullo. Leisel besó sus mejillas. El amor que sentía por su hijo era enorme. Cada vez que lo miraba recordaba las primeras emociones que recorrieron su cuerpo cuando se enamoró de Lucian Salerno. De todas las posibilidades del mundo, nunc
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