19. Galletas

1486 Palabras
CHANGEL El día termina rápido entre la distracción del trabajo, el patrón me dijo que mañana firmaré el contrato de trabajo, ese documento donde dice cuánto ganaré y otros detalles, eso sólo lo conocí en algún libro que leí alguna vez, Flavio dice que eso es muy importante y que debo leer todo muy bien antes de firmar y que cualquier duda pregunte de inmediato, además me está contando sobre los derechos y obligaciones que tengo y que el patrón tiene conmigo, y muchas cosas más, la plática es muy interesante y en cuanto tenga oportunidad voy a investigar más sobre el tema. Ahora quiero aprovechar para llamar a doña Chepina para dejarles de recado a mis papás que estoy bien y que ya empecé a trabajar como dije para que no estén con el pendiente. ESTRELLA El padre Jacobo está muy contento por todas las galletas que hicimos, aunque dijo que eso alcanzará como para tres días de ventas y nos regañó por exigirnos demasiado en nuestro estado. — Ya vayan a descansar, muchachas, que mañana nos espera un día muy cansado y no quiero que se fatiguen demasiado, por favor, vendan las que se puedan vender a dos manzanas de distancia solamente, no más — Sí, padre. Todas aceptamos, aunque estoy segura de que podremos ir un poquitito más lejos si él no se entera. Al día siguiente.. Luego del almuerzo, todas comenzamos la vendimia de galletas por las calles de la ciudad, ahora que camino a través de ella como una persona normal y ya no como vagabunda, me parece una ciudad muy bonita, sus casas y edificios son grandes con detalles preciosos, algo que en el pueblo nunca se verá, vamos de casa en casa ofreciendo galletas y las personas las compran al saber que somos parte del refugio del padre Jacobo, no cabe duda que es una persona muy querida por aquí. CHANGEL Es temprano todavía y ya traigo un hambre atroz y eso que almorcé antes de salir de casa, pero ni modo, aún falta mucho tiempo para la hora de la comida, aunque quizá pueda comprar algo en alguna tiendita cercana. — Changel, andan unas muchachas vendiendo algo y parece que vienen para acá, ¿Quieres comprar? Pareces tener hambre — me dice Flavio — La verdad sí me gustaría, pero me está esperando el patrón para lo del contrato — Pues ve y yo las compro, aquí te la guardo para cuando regreses — Ya dijiste y muchas gracias. Entro a la oficina del patrón, quien ya me espera. ESTRELLA Aunque este establecimiento queda a una cuadra más de lo que el padre dijo, no pude resistirme a venir aquí y parece que tengo buen ojo, pues me están comprando mucho. — Muchas gracias, señor. — digo a uno de los compradores y de inmediato me dirijo a otro — ¿Cuántas quiere usted? — Muchacha, dame cuatro bolsitas de esas que traen varias — Aquí tiene — él paga con un billete y espera el cambio — Me pareces conocida de algún lado — me dice y eso me asusta un poco — No lo creo, ya que yo no soy de aquí — ¿Y de dónde eres? Si se puede saber — Le agradezco mucho su compra, pero no le puedo decir, además tengo que regresar con mis compañeras — ¿Al menos puedo saber tu nombre? — insiste y supongo que mi nombre falso no le dará razón de nada — Lupita, me llamo Lupita y si me disculpa me tengo que ir, ¡Muchas gracias a todos! Me despido y salgo de allí lo más pronto posible. FLAVIO Esa joven me parece conocida, pero no logro recordar de dónde y su nombre no me ayuda en nada, quizá sólo sean ideas mías y la estoy confundiendo con alguien más. Será mejor que guarde las galletas de Changel antes de que se me antojen, creo que debí comprar más porque se ven deliciosas. CHANGEL El patrón me explicó todo con lujo de detalles y hasta me dió una copia para cuando quiera consultar algo, todos han sido muy amables conmigo, no sé qué haría sin la ayuda de Flavio y del patrón, probablemente ya hubiera firmado algo comprometedor, así que debo ser muy cuidadoso. Espero que Flavio me haya traído algo de la tiendita como dijo porque las tripas me están gruñendo como nunca, creo que hasta ellas extraña la comida de mi mamá y de mis hermanas. — Te compré estas galletas, Changel, y apúrate a comerlas porque están deliciosas — Se ven deliciosas, ¿En cuál tienda las compraste? — En ninguna, no fue necesario salir porque vino una muchacha a venderlas — comienzo a comerlas — Sí están muy ricas, tienen un sabor que me recuerdan a… — ¿A quién te recuerdan, Changel? — A la que preparaban mis hermanas allá en el pueblo — Ándale, yo sabía que la muchacha me parecía conocida, ¿No será tu hermana la desaparecida? — ¿La Estrella? Por favor, dime cómo era — ¿Estrella? No, ella dijo llamarse Lupita, pero tenía ojos grandes y muy bonitos, una par de trenzas y me pareció conocerla de algún lado — ¿Ojos verdes, Flavio? — Eso sí que no lo sé porque no distingo colores, soy daltónico — Pero sí debe ser ella, ¿Cómo se veía? Es decir, ¿Se miraba bien, feliz ,triste, descuidada o…? — Calma, clama, Changel, ella se veía muy bien, tenía un brillo especial en sus ojos y su sonrisa alegró este lugar por un par de minutos — ¡Debe ser ella! Necesito encontrarla, ¿Hacia dónde se fue? — Nadie vió para dónde se fue, pero de seguro pertenece a algún centro de refugiados y no hay muchos por aquí, así que podremos encontrarla fácil, sólo mantén la calma — Perdóname, pero es que hace tiempo que no sabemos nada de ella y estamos desesperados — Te entiendo, pero ella está bien, esa es una buena noticia, ¿No? — Definitivamente sí, muchas gracias, Flavio, en la tarde llamaré a mi casa para decirles que la viste, estarán todos más tranquilos de saber que está bien y hasta mi mamá se pondrá mejor de su salud, ha estado tan preocupada la pobre. Por la tarde, Flavio consigue con la secretaria del patrón la lista de refugios de la ciudad, ella ha sido muy amable al hacernos ese gran favor y así podremos ir a buscar a mi hermana de uno en uno, ¡Pronto te encontraré hermanita! Lo sé. Empezamos por el más cercano al trabajo, ese del que se encarga un tal padre Jacobo, dicen que es un sacerdote muy benévolo y que su refugio es el más grande de la ciudad, él no estaba, pero una de sus ayudantes me recibió. — Buenas tardes, señorita, gracias por recibirme aunque sé que ya es tarde — Buenas tardes, joven, ¿En qué le puedo ayudar? — Es que ando buscando a mi hermana, ella está embarazada y se vino del pueblo para acá y desde entonces no sabemos nada de ella, por favor, si pudiera darme información — ¿Y cómo se llama su hermana? — se dispone a buscar en una computadora — Estrella Hernández Morales, tiene apenas quince años — Es muy joven, pero no, en la base de datos no tenemos a nadie con ese nombre — ¿Está usted segura? — Así es — Bueno, usted disculpe, ¿Cree que si en algún momento ella llegara a venir por aquí, podría darle un recado de mi parte? — Claro, — me da una hoja de papel y una pluma — si gusta puede escribirlo aquí y así si viene, cualquiera que esté a cargo podrá entregarle su mensaje — Le agradezco. Tomo el papel y la pluma y comienzo a escribir para mi hermana: “Querida Estrellita. Estoy muy preocupado por tí, tan preocupado que ya estoy instalado aquí en la ciudad, te estaré buscando por los refugios y otros lugares donde creo poder encontrarte, espero que estés bien. Si recibes esta carta, por favor búscame de inmediato, estoy trabajando en la constructora que se ubica a tres cuadras de éste refugio, firmé un contrato por lo que me quedaré trabajando allí mucho tiempo, también llamar a este teléfono… y preguntar por mí. Con cariño, Changel.” Doblo la hoja en dos y le escribo el nombre de mi hermana con letras grandes y visibles para que cualquiera que la vea sepa que es para ella y luego se la entrego a la persona que me recibió amablemente. — Muchas gracias por su ayuda, señorita — Estoy para servirle, joven y de todo corazón espero que pronto encuentre a su hermana — Dios le escuche. Me retiro del lugar y regreso a casa para llamar a mi familia y descansar.
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