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2036 Palabras
20 “La presencia de Zyghor” Los oídos de Eva zumbaron tan fuerte que pensó que en cualquier momento se iba a desmayar. Su pecho se hundió una vez que su corazón empezó a latir con tanta insistencia que las ganas de vomitar se hicieron presentes. Un grito sordo brotó desde lo más profundo de su garganta, antes de bajar con tanta prisa de las escaleras que casi termina cayéndose cuando terminaba de bajar el último escalón. Sus rodillas se sintieron débiles al ver el brazo mutilado de su padre cubierto de sangre fresca. La pelinegra podía notar en cámara lenta como los hombres de Sebastián comenzaron a correr en todas las direcciones al escuchar la orden del alfa: “Debían encontrar el cuerpo de Thomas Parker, vivo o muerto”. —¡Papá! ¡Papá! —Entonó, cayendo de rodillas. —Lo vamos a encontrar… Escuchó la voz de Sebastián, y no pudo evitar mirarlo de mala manera. —¿Y mi madre? ¡¿Y sí le hizo esto también a mi madre?! —Eso jamás sucedería, Rosaura se sabe defender… De todos modos, le pediré a las brujas que la encuentren… —¿Por qué? ¿Por qué Zyghor me hace esto? ¡Maldito! ¡Eres un maldito, hijo de perra! ¡Tú y él son iguales! Las palabras de Eva lo hicieron estremecer, notó el rencor en sus ojos, y comprendía que se lo merecía; de cierta forma, ella tenía razón, aunque no le importaba nada. —¿Crees eso? —¿Tú que crees? Ella se levantó para encararlo, quería golpearlo con todas sus fuerzas por lo que le hizo anoche, sin embargo, al ver a los hombres que traían el cuerpo casi desangrado de su padre, lo empujó lejos de su camino como pudo. —¡Lleven al señor Parker a una de las habitaciones! ¡Ahora! ¿Dónde está Marie? ¡Necesito a esa vieja bruja ahora mismo! ¡Deben salvarle la vida al papá de mi mujer! Eva sintió un espasmo en la boca del estómago, “¿Su mujer?”, si ella era su mujer, aquel hombre tenía una forma de amar retorcida y cruel. La joven temblorosa caminó un par de pasos hacia Thomas, su cuerpo se hallaba pálido por la perdida de sangre, sus labios tan morados como sus uñas, y sabía que, si no intervenían ahora mismo, él moriría. —Nena… —susurró su nombre débilmente, llamando de este modo a su mejor amiga. —Sálvalo, por favor… Te lo ruego… —su cuerpo se tambaleó, ya no aguantaba más, —no puedo vivir una vida sin mi papá… Él… Él me crío con amor… Él… Nena la sostuvo rápidamente antes de que se cayera al suelo. —Debes descansar, aun apestas a Sebastián… Sus dientes se apretaron. —Lo odio. Soltó, mirando en dirección al hombre que tomó su virginidad. —Lo sé, pero, ya no podemos hacer nada. —¿Nada? —No… Dijo despacio. —¿Por qué? —Él ya te terminó de marcar, Eva, una vez que un Alfa sella su unión con su mate, nada podrá separarlos… La mortal mordió su labio inferior. —¿Y si huyo? Dijo por lo bajo. —No habrá lugar en donde Sebastián no te encuentre… Tu cuerpo y el de él ahora están unidos hasta la eternidad… Alfa se imprimió en ti, ¿Qué quiero decir con esto? Ahora todas tus emociones las sentirá él, y todo lo que sienta él lo sentirás tú… —¿Cómo deshago eso? —No se puede, Eva… Si te alejas de Sebastián… Si tratas de huir lejos de él, ambos pueden morir… Sus párpados se apretaron, al ver como Marie llegó con varias brujas, dispuestas a llevarse el cuerpo de su padre para ayudarlo a vivir. —Ayúdame a huir… No quiero estar con él… —No debo hacer eso. —Pensé que era tu mejor amiga… —Lo eres… Pero, hay demasiadas cosas en juego, Eva, mi aquelarre podría verse afectado si el clan Drake toma represalias contra nosotras por ayudarte… Mi madre… Mi madre podría ser asesinada. Ambas miraron a la bruja vudú subir las escaleras, mientras, que Sebastián daba órdenes para que buscaran al demonio así sea en el inframundo. —Creí que siempre estarías de mi lado. Da un paso hacia atrás, con una de sus manos sobre su pecho. —Lo soy, soy tu mejor amiga, pero, esto es más fuerte que yo… —La castaña miró hacia el suelo, —es más fuerte que nosotras juntas… Sebastián… Él podría hacernos cualquier cosa con tal de retenerte… Lo veo en sus ojos. Un escalofrío recorrió su nuca hasta llegar a su espalda baja. —¿Qué ves? —La obsesión que ha nacido por ti una vez que ha probado de tu virginidad… Eva tembló sobre sus pies, sus manos se sacudían al sentir un espasmo doloroso en su vientre bajo. Miró por encima de su hombro derecho a un inquieto Sebastián que la observaba de una manera tan oscura que quiso correr lejos de su presencia, aunque sabía que jamás podría hacerlo. —Lleven a mi mujer a darse un baño… Masculló, para luego beber un poco de whisky. —¿Qué pasará con mi padre? Preguntó, dando un paso hacia atrás cuando el alfa intentó tocarla. —Le salvarán la vida… —Eva cerró los ojos cuando la mano basta del lobo tocó su suave mejilla —, te prometo que le salvarán la vida, si no, tomaré yo mismo la existencia de esa maldita bruja, y la pondré en tus manos. Esas palabras le causaron terror. —¿Puedo retirarme? —No… —Pensé que debía retirarme. —Ya no… —Eres un maldito bipolar… —¿Sí? Ella no respondió nada. —Quiero verte un poco más. —Lunático… —Tal vez… —Volvió a beber de su copa de whisky. —¿Ya puedo irme? —¿Por qué tanta prisa? —Me revuelve el estómago verte. Sebastián endureció la mirada. —Es una pena entonces… —¿Por qué lo dices? Él sonrió con sorna. —Tendrás que verme la maldita cara hasta el último día de tu existencia. —No, si huyo antes… El pelinegro la agarró con rudeza del antebrazo. Gruñó por lo bajo antes de ver a su hermano Kilian. —Papá necesita verte. —Ahora no puedo. Eva se soltó. —Dijo que es urgente… —¡Mierda! Le dio el último vistazo a su mujer, antes de alejarse a regañadientes. —Necesitas bañarte, apestas a alfa, mi hermano dejó su hedor sobre ti. —¿Debería meterme en azufre para quitármelo de encima? —Que graciosa eres. Los dos se quedaron en silencio. —Debe ser difícil para una simple humana llevar el celo de un alfa dominante como Sebastián. Ella no respondió. —¿Debería matarme? Kilian se asustó. —¿Quieres condenar la vida de tu familia? —¿De qué hablas? —¿Qué crees que pase cuando mueras y el alfa de este clan se vaya contigo? —No entiendo. —Eres una tonta… ¡Matarán a tus padres por ser los causantes de la muerte del líder! ¡Eso sería traición! Dio un paso hacia atrás. —Me estás mintiendo. —¿Quieres comprobarlo? Su boca se entre abrió, pero, no pudo decir nada. Lo siguiente que hizo fue caminar hacia la habitación en donde Sebastián la hizo suya la noche anterior, y cerrar la puerta con seguro. Respiró profundamente sabiendo que jamás permitirían que su padre muriera, así que caminó hacia un enorme espejo que había delante de la cama en donde el alfa le quitó su virginidad, y se desnudó para notar con horror su cuerpo. —¿Qué me hiciste? Expresó, luego de ver su desnudez. Sebastián había dejado moretones, y rasguños en cada centímetro de su piel, tanto, que ahora le era imposible reconocerse. Eva miró el lunar en su cuerpo, ese mismo lunar que le dio la desdicha de ser la elegida como mate de aquel cruel alfa. —Ahora se ve más… Soltó, tocándolo con sus dedos débiles. —La marca de Zyghor desapareció… Al menos sentía un alivio con eso. Dio un par de zancadas hasta llegar al baño; con una de sus manos abrió la llave de la tina, y dejó que se llenara antes de introducirse dentro. Se sentía un poco mareada, sin embargo, el silencio y la paz que ahora la cobijaba no lo cambiaba por nada. Hundió su cuerpo unos segundos, y cerró los ojos. —Tengo que huir de él… Susurró, antes de percibir la presencia de alguien. Su mirada se endureció al notar que no había nadie con ella en el baño, aunque los vellos de su piel se erizaron. —¿Quién está allí? Habló, cagándose casi del miedo. —¡No le tengo miedo a los fantasmas! Espetó, cuando en realidad si les tenía miedo. De repente, sintió unos dedos fríos tocando su espalda, el agua de la tina se sacudió cuando Eva ejerció un movimiento brusco. —¡Maldita sea! ¡Cruz, cruz, cruz, que se vaya el diablo y venga Jesús! Intentó ponerse en pie, pero, una fuerza que no podía explicar se lo impidió. —¿Zyghor? Le costó pasar saliva al pronunciar ese nombre. Otro roce la dejó aturdida. —¡¿Cómo te atreviste a tocar a mi papá?! Le reclamó, aunque en el fondo se sentía una reverenda loca al hablar sola. —¿Lo hice? Una voz tétrica le provocó ganas de echarse a correr. —¡Hijo de perra! Gritó, dando puños al aire. —Eres más hermosa de lo que imaginé. —¡Viejo pervertido! Cubrió su cuerpo con sus manos. —Ya lo he visto todo de ti, ahora te deseo más… La voz se sintió detrás de ella. —¿Qué quieres de mí? —Todo… Espera pacientemente por mí, pronto vendré por ti. Sus hombros subían y bajaban cuando la presencia desapareció; la espalda de Eva chocó contra el espaldar de la bañera, antes de sentir de nuevo una presencia. —Así que aquí estabas… Esta vez era Sebastián, se le notaba que estaba borracho. La pelinegra ni siquiera había notado que llevaba puesto una camisa blanca remangada sobre los codos, y un pantalón n***o que hacía juego con su aura. El alfa sostenía una copa de whisky a medio llenar en una de sus manos, para luego, acercarse con cautela a su mujer. —Marie salvó a tu papá. Ella respiró aliviada. —¿No me dirás gracias? —¡Muérete, hijo de perra! —Esa boca tuya… Su dedo índice separó los labios rojizos y carnosos de la mujer. —Quiero follarte de nuevo. —¡Que te den, hijo de puta! Intentó salir de la tina, pero, Sebastián la metió de nuevo. —No puedo olvidar lo que vivimos anoche. —¿Vivimos? ¡Para mí fue una tortura! —Entonces acostúmbrate a eso. —¿A qué? —A vivir una vida de tortura a mi lado… —¿Y si no quiero? —No tienes opciones, amor. Eva guardó silencio, ahora detallando al lobo. —Quiero verte. —¿En qué? ¿Huyendo lejos de ti? —No… —se burló, apestaba a alcohol—, quiero verte bañar… —Pervertido… —Tú me volviste así… He perdido la cabeza. —Diles a tus hombres que te ayuden a buscarla. Él se volvió a reír. —¿Debería meter mi v***a en tu boca para callarte? La pelinegra se inquietó. —¿Quieres que te la arranque con un mordisco? —Aush… Eso debe doler… Pero, tengo otros modos. —¿Cuáles? Su cuerpo se paralizó al percibir aquel olor aflores y madera que ya conocía. —Eres un tramposo… —Nunca dije que jugaría limpio… Un ligero gemido brotó de los labios de la mortal con el mero roce del lobo. Sebastián la empujó para hacerse espacio dentro de la tina, el agua lo empapó de inmediato. —Voy a demostrarle a Zyghor a quien le perteneces…
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