Punto de vista de Fabiano: No fui a trabajar durante la tarde. Me quedé en la cama hasta que el dolor de cabeza fue lo suficientemente soportable como para poder abrir los ojos sin sentir esas punzadas dolorosas por la luz. Y cuando estuve lo suficientemente seguro de que podía enderezarme sin vomitar. ¡Estas malditas migrañas! Me hacían sentir débil, al no poder soportar el dolor. La única cosa que heredé de mi madre. Tiene sentido que no haya sido nada bueno, ya que no había nada bueno en ella. Raina estuvo viniendo varias veces a ver como estaba. Algunas veces me hice el dormido, deleitándome cuando ella se acercaba sigilosamente para tocarme la frente, luego las manos, para finalmente arroparme más. Mierda, juro que en ese momento mi corazón dejó de latir. —¿Mi papi se va a mejorar?

