Enrique. Tengo un negocio de tatuajes y perforaciones al que debo gran parte de mi éxito s****l. No puedo negar que el ser rubio, tener cara de niño bueno y un cuerpo bien ejercitado ayuda bastante, pero algo sucede que después de atravesarle la piel a un cliente, en varias ocasiones éste o ésta me piden les encaje algo más. Y pues yo, siendo tan generoso y andando siempre tan cachondo, no puedo rehusarme a hacerles el favor. ¿Quién le manda a uno ser tan bueno? Lo que enseguida he de contarles, es la más reciente de tantas y tantas experiencias que me ha regalado mi trabajo. Una historia sencilla que no habla más que de sexo, de dos tipos que se tienen ganas y se atreven a saciarlas. Nada de temas profundos ni de esa filosofía barata que tanto me desagrada. Puro sexo sin compromiso y

