Anna. Soy Anna. Una estudiante de medicina que ha vivido durante toda su vida para ser una buena niña y ahora una buena chica, de ojos negros penetrantes, estatura mediana, piel mestiza, cabello largo alisado el cual siempre llevaba recogido en una cola de caballo, cuerpo estilizado por el trajín y el estrés, senos genéticamente grandes y trasero promedio. Mi mundo transcurría en extenuantes guardias de 36 horas, con el anhelo de llegar a casa a dormir al menos unas cuatro horas y con suerte una cama promedio los fines de semana con alguno que otro chico. A menudo mi instinto de lujuria y deseo reprimido me llevaba a fantasear con proponerle tener sexo al hermano, esposo o papá del paciente que se sentaba frente a mi escritorio. Por ese entonces eran guardias en temporada de fútbol, en

