FLORENCIA, TOSCANA ITALIANA. MESES DESPUÉS Pobre chica. Eso fue lo único que Franco pudo pensar cuando su padre comunicó que su hermanastra llegaría de Alemania después de la muerte de su madre. Esa chica había vivido bien, había recibido dinero y un apellido sin tener que sufrir las inclemencias que significaba ser una Contti. El italiano no pudo evitar sentir cierta envidia por ella. Cuánto hubiera dado por no tener que vivir pegado a un hombre que era el diablo. Su madre había sufrido mucho, todo por aquello “bueno” que según ella significaba ser el primogénito de un capo. Franco jamás hubiera renegado de su nacimiento de no ser por el infierno que le tocó vivir a lado de un hombre que no sabía cómo ser padre y que le había orillado a cometer un sacrificio que a pesar de los mes

