FLORENCIA, TOSCANA ITALIANA. Una bofetada impactó en el rostro de Franco. —¡Pareces no entender qué es lo que quiero! —¿Por qué coño no me matas de una puta vez si tanto es que te molesto?—preguntó el hombre con cierta amargura en su tono—. Siempre he hecho lo que me has pedido. He lastimado lo que amo todo por una jodida fortuna y por permanecer en esta familia. Ví morir a mi hermana, a mi madre y me ví morir a mi en vida ¿Que mas tengo que perder para verte feliz? Fabricio maldijo. —¡Eres un imbécil! ¡¿Por qué demonios no puedes ser como yo?! Debiste haber hecho otra cosa, tomado otros caminos y ofrecido a esta familia algo más que embarazar a una Salerno. Pusiste tus ojos en mi enemigo, te dí una puta oportunidad y lo que recibí fue que te escaparas para verla y le dijeras solo

