Justo cuando el sol comenzaba a dar sus primeros indicios de terminar aquella hermosa puesta de sol, Cael finalmente llegó a su destino. Aminorando la marcha, el lobo alfa sonrió al contemplar aquella cabaña de dos pisos que había reconstruido él mismo luego de descubrir los cimientos de esta. En sí, si no fuera porque compró el terreno tan pronto como decidió que necesitaba un lugar para sí mismo tras pasar dos años asumiendo su puesto del último integrante del consejo, ni siquiera habría descubierto tan maravilloso lugar. Rodeado de pura naturaleza entre unos cerros, realmente no se encontraba ninguna civilización cercana hasta dentro de dos horas, y entonces solo sería un pueblito pequeño con unos pocos cambiaformas que se juntaron y decidieron vivir juntos. Si no fuera debido a Kam

