Leandro estacionó el auto frente a la casa de sus padres en la ciudad de Guatemala, no era capaz de bajarse. Observó en la distancia por un largo momento. No tenía excusa alguna, nada que justificara el comportamiento tan cobarde que había tenido unos meses atrás. ¿Qué explicación le daría a su madre? ¿Qué podía decirle para conseguir su perdón?, seguramente ninguna palabra que saliera de sus labios sería suficiente para aplacar la ira y el enojo de Allegra Giordano. Apretó el volante con fuerza, hasta que sus nudillos se tornaron blancos por la presión ejercida. Se lamentaba una y otra vez haber asistido a aquella estúpida despedida de soltero que Javier le había organizado. Si tan solo hubiese tenido la entereza de rechazar su invitación y no haber cedido ante su insistencia, nada de es

