Sira.
El día había comenzado como cualquier otro. Gael y yo caminamos juntos hacia el aula, hablando de cosas triviales, como siempre. Era fácil estar cerca de él; no necesitábamos decir mucho para disfrutar de la compañía mutua. Nos entendíamos bien, casi como si nuestras conversaciones fueran un juego sin reglas, donde todo fluía sin esfuerzo.
Pero hoy algo había cambiado, algo que no pude ignorar, aunque al principio intenté hacerlo. Nada de lo que estaba pasando me gustaba, y mucho menos la sensación de incomodidad que crecía en mi pecho. Todo comenzó cuando Tatiana apareció en escena.
Había estado en la misma clase que nosotros durante todo el año, pero nunca la había notado demasiado. No era una de mis amigas cercanas, y la verdad, nunca me había molestado. Sin embargo, desde hace unos días, algo había comenzado a cambiar. Había algo en la forma en que se acercaba a Gael, como si quisiera llamar su atención, algo que me molestaba más de lo que debería.
La vi hoy, a la salida de clase, sonriéndole a Gael de una manera que no me gustó nada. Su tono de voz era dulce, suave, como si estuviera tratando de seducirlo con cada palabra. Y Gael, por su parte, parecía recibirlo todo con una indiferencia que no me hizo sentir mejor.
"Gael," escuché a Tatiana decir, con ese tono tan azucarado que no pude evitar fruncir el ceño. "¿Me podrías ayudar con eso más tarde? Prometí que me enseñarías cómo resolver esa fórmula, ¿recuerdas?"
Gael la miró con una de esas expresiones frías que solía tener, como si nada de eso le afectara. Yo traté de ignorarlo, de no mirar, pero era imposible no sentir la tensión en el aire.
“Claro, Tatiana. No hay problema,” respondió él, sin mucha emoción.
Vi cómo sus ojos se encontraban con los de ella, y no pude evitar notar el brillo extraño en su mirada. No era el tipo de mirada que solía darle a cualquiera, y mucho menos a mí. Esa pequeña chispa, ese interés, me hizo sentir algo que no supe identificar al principio. Pero cuando Tatiana soltó una risa baja, casi como un susurro, mientras jugueteaba con su cabello, algo en mi interior se encendió.
Lo que más me molestaba era lo fácil que parecía para ella. Parecía que Gael le prestaba más atención que a mí. Y la verdad, eso me incomodaba. Siempre había sido una persona directa con él, sin pretensiones, y ahora veía cómo alguien como Tatiana, con su actitud tan coqueta, comenzaba a arruinar todo lo que había logrado con él hasta ahora.
"Entonces," continuó Tatiana, acercándose un poco más a Gael, "¿mañana después de clases? Estaré libre, y me encantaría que me ayudaras con esas preguntas del examen."
Vi cómo Gael asintió con una sonrisa tenue, casi imperceptible. "Lo veré, Tatiana."
Observé cómo ella se acercaba aún más a Gael, un gesto tan sutil que casi me hizo sentir que lo estaba invadiendo. Aún me encontraba en la puerta, con la mirada fija en ellos, sin poder apartarla. El sonido de sus risas me daba vueltas en la cabeza. ¿Por qué me sentía tan incómoda?
"Vas a quedarte después de clase, ¿verdad?" preguntó ella, con una mirada cargada de intenciones que no pude dejar de notar.
"Sí, lo haré," respondió Gael sin inmutarse.
En ese momento, mi corazón se aceleró. ¿Por qué estaba tan alterada? Estaba celosa, lo sabía, pero no podía entender por qué, no era como si tuviera algún derecho sobre Gael. Sin embargo, su cercanía con Tatiana me hacía sentir algo extraño, una presión en el pecho que no podía ignorar.
"Bueno, perfecto, entonces. Nos vemos después," dijo Tatiana, guiñándole un ojo antes de alejarse.
La sensación en mi pecho no desapareció, de hecho, parecía intensificarse. Cada palabra de Tatiana, cada gesto, me dejaba una incomodidad que no podía quitarme. Y lo peor de todo es que Gael parecía tan... ajeno a todo esto. Como si nada le afectara. Estaba tan acostumbrada a su frialdad, pero hoy me parecía que su indiferencia tenía un tinte diferente, algo que no lograba entender.
Decidí que tenía que distraerme, así que me senté en mi asiento y traté de concentrarme en la clase, pero mi mente no paraba de divagar. Podía escuchar los murmullos de mis compañeros, quienes empezaban a hablar sobre el "nuevo vínculo" entre Gael y Tatiana, y cómo parecían pasar mucho tiempo juntos últimamente.
"¿Viste cómo se reían?" comentó uno de ellos. "Seguro que son algo más."
"Eso parece, ¿no? Ella no deja de estar cerca de él."
Los murmullos me llegaron a los oídos, pero intenté ignorarlos. Traté de concentrarme en mis tareas, pero el pensamiento de Gael y Tatiana ocupaba demasiado espacio en mi mente. ¿Por qué me estaba preocupando tanto por esto? No debería, era solo un abrazo amistoso, ¿cierto? Pero no me sentía tan segura.
Al final de la clase, Gael se acercó a mí, como si nada hubiera pasado. Como si Tatiana nunca hubiera estado ahí, sonriéndole con esa actitud tan coqueta.
“Vamos a la biblioteca, ¿te parece?” me preguntó, casi casualmente.
Asentí, aunque no pude evitar sentirme distante. Mi respuesta fue algo forzada, como si no pudiera pensar con claridad. “Sí, claro,” dije, intentando devolverle la sonrisa, pero sabiendo que no estaba siendo completamente honesta con él.
Camino a la biblioteca, las palabras parecían fluir más lentas entre nosotros. Había algo raro en el aire, algo que no podía ignorar. Gael no parecía notarlo, como siempre, pero yo sí. La distancia entre nosotros crecía, y no sabía cómo volver a acercarme a él.
Mientras nos sentábamos, traté de hablar de cualquier cosa. Me sentía como si estuviera flotando, incapaz de aterrizar. Mis palabras eran solo un eco, mientras mi mente seguía preguntándose si lo que sentía era algo más que celos. ¿Era eso realmente lo que me estaba pasando?
Gael me miró de reojo, como si notara algo, pero no dijo nada. Tal vez estaba tan acostumbrado a mi forma de ser, que ya no le sorprendía ver algo raro en mí. O tal vez, solo tal vez, no estaba tan interesado como yo quería creer. Y esa idea me dolió más de lo que debería.