MARIANA Dicen que se necesitan veintiún días para formar un hábito, a mí me bastaron cuarenta y ocho horas para convertirme en un mueble de oficina: decorativa, silenciosa y completamente ignorada. La estrategia del "Hielo" de Alejandro estaba funcionando a la perfección, llevaba toda la mañana encerrado en su oficina, comunicándose conmigo solo mediante correos electrónicos de una sola línea: "Imprimir", "Archivar", "Café". Yo, por mi parte, mantenía mi papel de "La Señorita Villalobos" con una dignidad digna de un Oscar, espalda recta, tacones asesinos, rostro inexpresivo, pero había un problema: mi torpeza no entiende de estrategias de guerra, mi torpeza es una fuerza de la naturaleza, como los huracanes o la inflación. Eran las doce del día. - Villalobos —sonó el intercomunicador,

