MARIANA El sonido del seguro girando fue el sonido más erótico, definitivo y aterrador que había escuchado en mi vida, estaba sucediendo, de verdad estaba sucediendo, no era una fantasía inducida por el tequila, ni un sueño febril, era la realidad, cruda y palpable. Alejandro me tenía contra la puerta de madera maciza, mis piernas enroscadas firmemente alrededor de su cintura, su cara enterrada en mi escote, respirando como si acabara de correr un maratón. Levantó la cabeza y sus ojos grises eran tormenta pura. Y me besó y Dios... no se parecía en nada a los besos imaginarios que me había dado en mis sueños, ni siquiera al beso del coche, aquello había sido un prólogo; esto era la historia completa, era crudo, urgente y era una reclamación de propiedad. Sus labios devoraron los míos,

