Marcelo podía sentir el hormigueo en sus labios, el beso que Alessandra le dio le aceleró el corazón, el deseo de tumbarla sobre el sillón y hacerla suya fue abrumador, tanto, que tuvo que alejarse de ella y tomar el volante con fuerza, hasta que sus nudillos cambiaron de color. Esto era más que una tentación, era un infierno personal del cual empezaba a dudar que saldría victorioso. No era el afán de mantenerse caballeroso, tampoco quería demostrarse nada, personalmente, estaba dándose su tiempo, pero, como estaban las cosas, iba a caer más rápido que un ciego. Alessandra se mordió el labio para no frenar su deseo y la pasión que le atravesaron el cuerpo, dejó que Marcelo la llevara a casa y entonces, ya vería lo que era bueno…. El trayecto fue silencioso, sin embargo, las palabras no

