Marcelo estiró la mano, buscando el cuerpo cálido de Alessandra, pero el lugar donde debía estar estaba vacío. Él abrió los ojos y la buscó con la mirada, sin embargo, se encontraba solo en la habitación. Se levantó y se dirigió al cuarto de baño, se duchó y estaba por afeitarse, cuando recordó la petición de Alessa, sonrió y decidió complacerla. Sería extraño para él, puesto que no estaba acostumbrado a tener la barba espesa. Cuando terminó de arreglarse, caminó a la cocina, de donde provenía un delicioso aroma a café recién hecho y panecillos. Él se detuvo en el umbral de la puerta y observó a Alessandra. Ajena a su presencia, ella siguió moviendo las caderas, mostrando una parte de sus redondas y bien formadas nalgas. Su entusiasmo era sinónimo de que se había recuperado por completo

