—¡Fabio! —gritó Alessandra, corriendo para saludar a su hermano, quien la recibió con los brazos abiertos. —Hola, hermanita —le susurró, enterrando la cabeza en el cuello de Alessandra—, ¿cómo has estado? —le preguntó, apartándose de ella. —Bien, aunque han pasado muchas cosas que me gustaría contarte y tú, ¿cómo has estado? —Bien, hermanita. Astrid y yo hemos tenido mucho trabajo; sin embargo, no podíamos faltar a un evento tan importante para la agencia, para ti y para la familia —dijo, viendo a su madre, sentada en el sillón. —Me alegra que hayan podido venir —dijo, dejando a su hermano para saludar a Astrid—. Qué alegría volver a verte, ¿cómo has estado? —le preguntó, saludándola de beso. —Bien, con mucho trabajo, tal como lo ha mencionado Fabio, pero ninguno de los dos quiso pe

