1979

2895 Palabras
Junio de 1979 —Mirá ese nene, ¿Por qué no juegas con él? Haz amigos. –le dice la señora que la acompañaba. Era su madre. Le da un empujoncito. Luna asintió con la cabeza y comenzó a acercarse. —¿Puedo jugar contigo? –dice tímida. Le asentí con la cabeza en respuesta y ella dejó a la vista sus dientes. Fue la primera vez que la vi sonreír, entonces ella tenía la famosa sonrisa torcida, que se nos da a la mayoría antes de usar ortodoncia. Era tan hermosa. Sus bucles, su cabello, todo. Recuerdo cosas puntuales como que me escapaba de las clases de deportes y me iba a su casa a jugar. Nos habíamos hecho muy amigos con el tiempo. Se hizo mi mejor amiga. Solo ella, y nadie más que ella, supo las cosas que pasé. Mamá la quería mucho, decía que algún día me terminaría casando con ella. Para ése entonces no la veía a Luna de esa forma. —Qué lindo dibujo. ¿Lo hiciste tú? –le pregunté a Luna una vez de chico mientras acercaba la vista a su hoja de papel. —-Sí. Cuando sea grande voy a ser diseñadora. –me contesta convencida. —Serías muy buena en eso. –le digo dándole más confianza. Y de hecho, estaba seguro de que ella sería muy buena en eso. — ¿Y tu Honey? ¿Qué quieres ser? -me pregunta ella. No sabía con exactitud qué responderle. Pero algo que siempre me había gustado de pequeño era ayudar a mi mamá con la cocina. —Pastelero. Igual que mi madre. –le dije. Realmente quería serlo. Siempre que me quedaba en casa estaba haciendo pasteles con mamá. Esos tiempos que extraño, fueron los más felices de mi vida. —Te iría muy bien. ¡Y yo te ayudaría a venderlos! Esos tiempos...que me gustaría que vuelvan. Lo bueno de esta historia, es que pude cumplir con aquello dicho. Trabajé de lo que me gustaba. Puedo decir que al menos disfruté de mi trabajo. Trabajé de pastelero, repostero y cocinero. Seguí el rubro de mi madre. Al principio fue difícil, como todo. Terminé de repostero para un hotel, después de antes haber lavado un par de trastos para hacerlo. Ya sabes, la escalera de la vida. Ése trayecto de mi vida fue uno de los mejores. Digamos, no estaba feliz del todo. Solo estaba. Eso era todo. No era feliz, pero tampoco infeliz. Llevaba los días de mi vida esperando, algo. No sabría qué exactamente. Supongo que esperaba que llegue una razón por la cual seguir, por la cual seguir viviendo, ya sabes. Pero no llegó nunca. Y el tiempo se acababa. Trabajando en el hotel, conocí a Ludmila, o ''Lumi'' como la llamaba. Era mucho más joven que yo, y era bastante linda para ser sincero. Tenía los ojos pardos, y la piel clara, y cabello corte algo carré de color n***o, la hacía ver más adulta de lo que era. Tenía veinte años, y yo pasaba de los veinte y picos, no era tanto, pero hacía que me vea a mi mismo como pedófilo si intentaba relacionarme con ella, de todos modos eso era un cliché. Algunos rumores hasta se habían inventado que andábamos, pero puro cotilleo. De todos modos, no era de mi tipo, raramente alguna mujer lo era. Y no porque fuera gay o algo así, si no porque nunca me había sentido atraído por una mujer. A excepción de una. Ludmila trabajaba como ayudante en el hotel. Hacía un poco de todo, lavar trastos, llevar los pedidos de aquí para allá, y algunas que otras cosas. Siempre se le acercaban los muchachos de su edad. Eso me recordaba a que tuve muy pocas relaciones en comparación con lo que tuvo Ludmila con un poco más de la mitad de mi edad. Quién sabe, a las mujeres siempre se les hizo más fácil todo. Yo con suerte había estado a lo sumo con tres personas, que creía que eran los amores de mi vida. Aún así en mi vida habría conocido otras personas que estuvieron con mas personas con las que estuvo Ludmila. Un claro ejemplo; Luna. ... La idea de que Santiago era gay, me había quedado rondando por la cabeza el mismo día de que me había enterado. Pero solo eso. No es que les haya cogido el gusto a los hombres en ese momento. No me mal interpretes. Fueron seis meses después de eso; Alex se había distanciado más de mí en las clases de educación física, se había vuelto popular porque se había hecho un cambio de ''look'', para ser breve, el cambio de look radicó en sacarse los barritos con vaya a saber qué productos raros puesto a que su madre era cosmetóloga, y cortarse la maraña de pelo que llevaba. No lo culpo por eso, algunos no podemos encajar desde un principio, y cuando lo hacemos, gozamos de ello. Y es que llega un momento en la vida que la sociedad te lleva excluyendo tanto, que el día que entras en ella, lo cambia todo. Entrar en la sociedad de hecho... Cambia a las personas, su personalidad, y fuera de sí sea para bien o mal, lo cambia. Y en el momento, que echas un vistazo atrás, y ves todo lo que has hecho para llegar a la sima, te das cuenta de lo que dejaste atrás para ser lo que eres hoy y ahora, y es allí, cuando te arrepientes. Pero felicidades, estás dentro de la sociedad, y eres aceptado. Y nunca más volverás a ser excluido. Pero... ¿Y lo demás? ¿Sigues siendo tú? Me pregunto si Alex se preguntó eso en algún momento de su vida. O si simplemente lo disfrutó. Que va. Siempre termino yéndome del tema. —¡Alex! ¿Sabes por si acaso si hay gimnasia hoy? –le pregunté en el pasillo, él se dio media vuelta y me dirigió una mirada, analizándome de arriba abajo. En aquel tiempo Alex ya había cambiado, ya no era el mismísimo Alex, si no Alex McQueen, el ''popular''. —No lo sé. ¿Acaso no lees las pizarras del gimnasio? –responde petulante. Le dirijo una mueca y me preparo para largarme, pude visualizar que se acercaban los nuevos amigos de Alex; Luis y Miguel. Y eso definitivamente no significaba nada bueno. —¿Qué haces con el fenómeno? –dice Miguel llegando. —¿Fenómeno? –espeté. ¿Así es como me llamaban? Le dirijo a Alex una mirada para ver si reaccionaría o al menos me defendería. Después de todo, solíamos llevarnos bien en gimnasia. —Será mejor que te vayas, Honey. –musitó Alex. Le dirijo una última mirada a él y a sus descerebrados compañeros y me voy. Pude escuchar unas risas a mis espaldas, pero hice caso omiso. Cuando le había contado a Luna lo sucedido, ella casi no lo podía creer. —Así que Alex se ha vendido al diablo. —Solía caerme bien ese tipo. Ahora mismo no sé que le sucede. –repuse. —Ya sabes cómo las personas cambian, Honey. De todos modos ese Alex McQueen siempre me ha parecido un idiota de primera categoría. ¿Y qué sucede con su apellido? ¿Es enserio? Parece una marca de automóviles. —Oh, no titubéis mucho. Que ''Ledesma'', no es precisamente el mejor de los apellidos. —Claro que Van De Wood es de lo más gringo. –contraatacó ella. Ambos reímos. Le quedé mirando la mueca que hacia cuando reía, y pude notar que se le formaba un hoyuelo en su mejilla izquierda. Me reí al notarlo. — ¿Qué? —pregunta desentendida. — ¿De qué te ríes? —Que mi mejor amiga es una deforme en todo uso de la palabra. Acabo de notar que tienes un hoyuelo de un solo lado. –digo y me echo a reír. —Así que estás de broma. Que te den. –protestó ella. Volví a reír. —Tranquila. Se te ve aún más bonito. Es raro, pero bonito. –digo mirándola. Ella se sonroja. — ¿Es acaso esto una declaración de amor? Porque si lo es, desde ya te advierto que Van De Wood no eres de mi tipo. –dicho esto, echó una carcajada. —Me amas de todos modos. –me vuelvo confiado. Ella asiente con la cabeza. —Tanto como al cigarro. — ¿Me comparas con un filtro emanador de cáncer? Que insensible. —¡Oye! Acabas de llamar filtro emanador de cáncer a mi preciado cigarrillo y luego la insensible soy yo. Que cerdo. –se vuelve a reír. Y por un momento había pasado la bronca que me había dejado Alex y sus amigos en el pasillo. Desde entonces no volví a acercarme a Alex McQueen fuera del gimnasio. Me apetecía no volver a hablarle. Pero mis círculos sociales en gimnasia iban desde Alex McQueen y Alex McQueen. Punto final. El resto de mis compañeros, dudo que supieran como se pronunciaba mi apellido. Santiago se me acercó en aquella época, y cuando lo hacía, no tenía miedo o asco, lejos de hacerlo, me caía bien. Pero entonces siempre me dejaba una mala sensación estar cerca de él. Me producía una enorme tristeza, y una angustia terrible. Me incomodaba, y no sabía por qué. Aunque admiraba cierta parte de él, de tener tanta confianza en sí mismo, y poder expresar libremente su sexualidad, y que no le destroce la opinión de la sociedad. De todos modos, no le decían nada. Él era bastante reservado. Y todos tenían un cierto ''respeto'' por él. Y no sé cómo es que se ganó ese tan preciado respeto, pero lo hizo. Y nadie nunca pasó por encima de él, fuera de la sexualidad que sea. A veces, cuando había que formar equipo, y nadie quería formar equipo conmigo, Santiago siempre me llamaba y decía que forme equipo con él. No es que eso haya significado mucho para él, pero para mí sí. Hasta Alex que aparentemente era buena persona, me había dejado cuando subió a la sima de popularidad. Mientras que Santiago, quien ya estaba en la sima, me ayudaba en cosas tan estúpidas como éstas, a mí, a un don nadie como yo. —Tu amiga Luna ha estado preguntando por ti. –comenta Santiago mientras entraba al baño de hombres. Un escalofrío recorría dentro de mí. ¿Nunca se sintieron tan opacados con la presencia de alguien a tal punto de sentirse intimidado? Pero no de mala forma, claro. A mí me pasaba eso con Santiago. Me sentía menos. Me sentía intimidado, y quizás, eclipsado. —Sí, es que la clase de educación física se ha retrasado más de lo que esperaba. –le dije mientras acomodaba lo último de mis cosas para poder irme con Luna que me esperaba afuera del colegio, como siempre. — ¿Y tú y Luna que son? Siempre me ha dado curiosidad su relación. —Amigos. ¿Parecemos otra cosa? –le dije. —Depende de que quieres que parezca. –recoge sus últimas cosas. –Honey...¿Eres gay? ¿Qué? ¿A qué venía esa pregunta? ¿Por qué deduciría que era gay? Pensé por un momento que lo decía en broma. —¿Acaso parezco? –le dije un poco preocupado y con una voz muy seca. Intentaba imponer algo, aún no se que realmente, quizás quería demostrar mi masculinidad. Juro que fue algo tan idiota. —No realmente. Solo preguntaba. Llamémosle curiosidad. —Pues no lo soy. –le dije inmediato. —Tranquilo, no voy a acosarte. Que yo sea gay no quiere decir que te obligue a ser así a ti. No soy violador. –me dirige una sonrisa, y se va. Deduzco que le habrá hecho risa mi estúpida actitud, parecía hasta temeroso. Pensé que desde ese momento, Santiago no me iba a volver a hablar. Después de todo, lo traté como si fuera un acosador, o un psicópata. Y es que todo se debía a mi padre. Habría crecido con esa forma de pensar, que sin darme cuenta me había convertido en alguien como él, asustado y temeroso, como si la comunidad gay estuviese esperando sigilosamente hasta que pudieran saltar sobre ti y convertirte en gay. ... Ludmila había mencionado algo como que comenzaríamos a hacer pasteles de bodas, y daríamos servicios de catering para casamientos y demás eventos importantes como fiestas de quince o recepciones. Es estupendo. Nunca habíamos hecho algo así hasta entonces. Mientras tanto, teníamos a nuestro cliente habitué, Juno, el gordo Juno (soy consciente de que ése no era realmente su nombre, pero siempre le dijimos así). Es un tanto cómico, porque era un chico muy especial. Me recuerda una cierta parte de mí, es un tanto retraído en el colegio. Pero el corazón de Juno es tan grande como la historia que he de contarles. En un tiempo atrás, la madre de Juno compraba pasteles de seguido. Fue una de las primeras clientas que tuve cuando comencé a trabajar en el hotel. Bueno, eso era antes de que su hija menor muriera. Tenía Leucemia. Dice que desde entonces no suelen comer tantos pasteles, y Juno compra uno cada tanto para su madre, dice que quiere verla feliz. Nunca nos cuenta de la cara que pone su madre, o si se come su pastel al menos. Pero nunca falta la compra de la semana de Juno. El chico se gasta todos sus ahorros para comprar el pastel de cada semana. Nunca conocí realmente a Juno, solo sabíamos muy por arriba su historia, o su vida. Me hubiera gustado poder haberle conocido más. Me pregunto cuánto habrá sufrido. Quizás tuve que haberle preguntado más cuando venía a comprar, quizás no hubiera cambiado mucho, pero sería mucho mejor que lo poco que sé de él. Habrá sido un chico maravilloso. Y hablo en tiempo pasado, pero él no es el muerto en esta historia. Un día. Todo se resume a eso. Un día. Un día como cualquier otro Ludmila llegó y me dijo ''Se va a casar, Honey, se va a casar'' y en eso me vi a mi mismo corriendo a una iglesia y no para repartir un pastel exactamente. Fue como en ráfagas. La noticia. Y luego salir corriendo por la puerta que entré, yendo a impedir un casamiento. Quien lo iba a decir. ¿Yo corriendo por algo? Estaba muriéndome. Más que eso. Pero era la primera vez en toda mi vida, en toda mi maldita vida, que estaba negado a perder a alguien más. ... —Tardaste demasiado. La próxima no te esperaré después de los deportes. —repuso Luna mientras me esperaba en la puerta del colegio. — ¿Me esperaste mucho? –dije llegando a la puerta. Estaba avergonzado, y exactamente no sabía de qué. —Algo así. Unos quince minutos. Venga, vámonos ya. –me dice apurando el paso. —Luna, creo que la he jodido con Santiago. –le dije después de haber caminado una cuadra, lo suficientemente lejos del colegio. —¿No eran amigos? –Se voltea a preguntar. —Sí. Bueno no realmente. Él solo ha sido bueno conmigo. –digo inseguro. —Entonces es tu amigo. –me dice. —No creo que él lo considere así. –tomé un poco de aire. –Creo que él me ve con ''otros ojos''–mascullé mientras hago comillas con los dedos. — ¡No jodas! No demoró mucho para que Luna estalle en una carcajada. —No te rías, de por sí ya es vergonzoso. –rezongué. —No me rio del hecho de que guste de ti, si no, de la imagen mental que me hago de Santiago declarándote su amor y tu meándote en los pantalones con miedo a que te coma. –Luna seguía riéndose. —No fue exactamente así. Realmente, no se para que te cuento estas cosas. –protesté. —Ya ya, ¿Te ha dicho que gusta de ti? Poniéndonos serios por favor. —No. Solo me preguntó si era gay. Me chocó un poco su pregunta. –digo y comienzo a caminar más rápido. Luna empezó a caminar junto a mí. —No te dijo que gustaba de ti. Solo te preguntó si eras gay. — ¿Y por qué? ¿Acaso lo parezco? –me siento molesto. No sé realmente si me molestaba parecerlo. Supongo que estaba luchando, luchando contra mí mismo, contra mi curiosidad que se encontraba muy en el fondo, resguardada de opiniones ajenas, pero no de la mía. Siempre había tenido curiosidad por saber lo que se sentiría besar a alguien del mismo sexo. Pero al mismo tiempo estaba traumatizado. Le temía a todo aquello. —No te lo tomes tan a pecho. Solo fue una pregunta. Realmente solo fue una pregunta, pero me había asustado mucho en ese entonces que alguien que está tan plantado en una postura y que tenga tan determinada su sexualidad me lo pregunte así como así. Fue algo, chocante. Pero debí saber en aquel entonces, que no fue tanto lo que me preguntó, si no como me sentía al dudar de la respuesta. Para descubrir tu sexualidad hay un largo trecho, y creo, que todos tenemos algunos gustos tapados, algunos no lo queremos notar. 
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