Capítulo La Última Esperanza y la fe intacta La noche había caído sobre el hospital con una quietud pesada, casi palpable. Clara estaba en la sala de espera, con Mateo en brazos, buscando consuelo en el pequeño latido de su corazón. La angustia que la había invadido desde la llegada de Valen al hospital no cedía. A pesar de las horas transcurridas, el sentimiento de incertidumbre permanecía implacable. El médico había hablado claramente esa tarde: Valen no mostraba signos de mejoría. Las 48 horas críticas ya habían pasado, y él seguía en coma. Todos los esfuerzos de los cirujanos para estabilizarlo habían sido en vano, y la situación era más complicada de lo que nadie quería admitir. A pesar de que la operación inicial había sido un éxito, las complicaciones surgieron rápidamente. Las

