Valentino Moreno, consumido por la desesperación, regresó a la jefatura decidido a interrogar nuevamente a Iván. La tensión en el ambiente era palpable; los pasillos, usualmente bulliciosos, parecían silenciarse ante su paso decidido. Al entrar en la sala de interrogatorios, encontró a Iván encadenado a la mesa, con una sonrisa sardónica dibujada en el rostro. —Vaya, mira quién ha vuelto —dijo Iván, su voz impregnada de burla—. ¿Vienes a jugar al policía bueno o al malo esta vez? Valen apretó los puños, conteniendo la ira que amenazaba con desbordarse. —Dime dónde está Clara —exigió, su voz temblando de furia contenida—. Iván soltó una carcajada que resonó en las paredes de la pequeña habitación. —¿De verdad crees que te lo diría? Estaba jugando con él ,ni el sabia donde estaría y se

