Duhan. —Te dije que no convenía que juegues. —le doy agua riendo donde jadea de cansancio y por el porrazo ultimo que se dió, Adiel hace jueguitos adelante de nosotros riendo. —Vamos Ramiro, ¿esto tienes para dar?. —Ah vamos amigo, eres mas joven que yo. —Por siete años, no seas cobarde, dale. —No soy cobarde, me arrastraste por todos lados. —En estos días hacemos un partido general, espero verte ahi. —Obvio. —me rio con ganas, le estiro la mano a Ramiro y lo ayudo a parar. —Juguemos un picadito. —miro enseguida donde están comiendo cosas dulces—. O caño patada. —Caño patada mejor. —Vamos a sentarnos que estos se van a agarrar a piñas. —¿De verdad?. —Si, —nos acomodamos en la mesa donde agarro dos vasos y jugo—. Van a jugar al caño patada, por eso vinimos. —ELIAS... ADIEL. —l

