Capítulo 4-1

2028 Palabras

Después de jugar junto al río, Fernán, Alvar, Albornoz y sus amigos que vivían en el pueblo volvían a casa. Estos muchachos tenían casas cálidas, secas y confortables, y mesas servidas a diario con comidas sanas. Los jóvenes que no subían con ellos los escalones de piedra iban en dirección contraria, río arriba, a las pequeñas fincas y campos cultivados por sus padres arrendatarios, cuyas casitas de gracia dependían del grano, los productos y el ganado que vendían por cuenta de su arrendador, el Obispo de Cuenca, y a quien cobraban impuestos. Los últimos tiempos no habían sido justos con estas gentes: la guerra y el malestar político y social habían asolado la provincia de Castilla. Las epidemias y el hambre eran moneda corriente, y las malas cosechas una preocupación constante. Los muros

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