Al cardenal le temblaron las manos, le castañetearon los dientes y todo su cuerpo se estremeció en un frenesí de miedo y excitación tan intenso como todo lo que había conocido. "La Curia de la Iglesia Católica le inviste a usted, Albornoz, como su Vicario General Papal. Bajo esta autoridad tiene derecho a levantar y desplegar las fuerzas armadas que considere necesarias, todo con el objetivo de recuperar los dominios perdidos." El clérigo no sospechaba nada de este acontecimiento, pero enseguida captó la oportunidad más que la penitencia de semejante misión. Seré un general al mando de mi ejército, encargado de restablecer las antiguas posesiones de la Iglesia mediante lo que sé que es correcto, derrotando a quien sea o lo que sea que considere equivocado. Dios se mueve por caminos mist

