Eason regresó antes del anochecer, como dijo que haría. La pequeña Rainy se puso muy contenta al ver toda la comida deliciosa y la ropa tan hermosa que él le había llevado, pero no se atrevió a tocar nada sin antes pedir la autorización de su madre. ¿Qué podía decir Gina? ¿Acaso Eason desistiría si ella no la autorizaba? —Él lo compró para ti, agradécele y acéptalo —dijo Gina. —Muchas gracias. —A la pequeña casi se le caía la baba al ver tantas cosas deliciosas, y la ropa nueva le encantó—. ¡Qué lindo todo! —Linda eres tú y te vas a ver genial con esa ropa nueva. —Gracias, eres muy bueno. —La pequeña Rainy era muy dulce. Ya era la hora de la cena de la pequeña. Eason tenía ganas de darle la comida, pero solo se quedó observándola mientras ella comía y se limpiaba la boca.

