Preparé la cafetera y serví el café en dos tazas, le di un cambio de ropa limpia a Lizete y nos sentamos juntas en el sofá —antes de contarte cualquier cosa quiero que sepas que el mio fratello es buena persona, no se qué es lo que está pasando por su cabeza en estos momentos— la miré confundida —Lizete… tranquila, dime lo que tengas que decir— le digo tomándola de la mano, tratando de calmarla un poco —hace unos días, después de hablar contigo, decidí involucrarme más en su búsqueda, eh parlato con uno dei miei cugini, ella tiene un amico involucrado en la mafia italiana, llamada algo como de satán… o algo así, él nos ayudó a buscarlo y… los resultados no fueron nada alentadores— Lizete estaba muy nerviosa, lo que me provocaba un escalofrío, ella no sabía que Diego estaba en México ¿o

