Narra Javier Llevé a Daniel a mi oficina, cuando entró cerré la puerta con llave, prefería tener privacidad y lo que íbamos a hablar era un tema delicado —siéntate— le pedí un poco nervioso, el asintió con la cabeza, sentándose en el pequeño sofá y dejando a mi pequeño sobrino a un lado de él, yo me siento frente a ellos, noto que el pequeño niño no me deja de observar con sus ojos curiosos, lo que me causa demasiada ternura, es igual a él —¿se puede saber que rayos está pasando Javier? — me dice un poco alterado, lo miro y asiento —pues… aquí estoy, vivo— me mira con obviedad —eso está más que claro, ¿Por qué Javier? ¿Por qué nos mentiste? ¿Por qué le mentiste a tu familia? — comienza a alterarse y me pongo de pie tratando de tranquilizarlo —¿puedes bajar la voz? Mira Daniel, te lo

