LINA Justo cuando trataba de equilibrar las bolsas en mis brazos, escuché una voz familiar detrás de mí. —¿Te doy una mano? Me giré y ahí estaba Leo. Con ese mismo aire impecable de siempre, pero sus ojos verdes no brillaban como solían. Llevaba un conjunto completamente n***o, hasta la camisa. Algo en él no cuadraba. Estuve a punto de decir que sí, que me ayudara, pero algo me detuvo. Tal vez el hecho de que ignoró mi mensaje días atrás. —Estoy bien —le dije sin mirarlo demasiado y empecé a caminar. No tardó en alcanzarme y con un gesto suave, tomó una de mis muñecas y luego empezó a cargar mis bolsas sin esperar permiso. —Déjame hacerlo yo —insistió. —Que no —dije, tirando con fuerza para recuperarlas. Mala idea. Una de las bolsas cayó, y con ella, el contenido de Victoria’s Secr

