LINA Me desperté con una sonrisa literal en mi rostro. Hacía mucho tiempo que no dormía tan bien. Y todo era gracias a una persona: Leo. Solo decir su nombre me hacía sonrojar. Normalmente, soy gruñona al despertarme, pero hoy no podía dejar de sonreír mientras me preparaba para ir al trabajo y bajaba las escaleras. —Buenos días, señorita —oí decir a alguien mientras entraba en la cocina para beber agua. Miré y vi a una señora regordeta y simpática que parecía tener unos 50 años. Tenía acento italiano, como Leo, pero el suyo era mucho más marcado. —Buenos días. Creo que no nos conocemos —sonreí. —Soy Hilma. Cuidé de Leo cuando era niño y ahora soy su ama de llaves —dijo. —Soy Lina. La... amiga de Leo —dije. No sabía muy bien qué éramos. Ella se rió entre dientes. —Por lo que vi

