Mi teléfono suena interrumpiendo mi desayuno. Es un mensaje de un número desconocido. Abrí el mensaje y en el aparecen unas fotos de dos personas besándose, abrí las imaginas para verlas mejor y me di cuenta de que no es cualquier persona, es Richard. Podría reconocerlo a una milla de distancia.
— ¿Qué demonios?
— ¿Qué dice? Te pusiste pálida.
Me quede estática. Richard esta engañándome después de tanto tiempo de noviazgo.
—Es, es una foto de Richard besándose con otra chica.
— ¿Con otra chica que no eres tú? —Me miro confundida.
— ¿No es algo obvio Ana? Si es otra chica está claro que no soy yo.
—Déjame ver. —Al ver que me quede estática, me arrebato el teléfono, cuando vio las imágenes abrió los ojos con sorpresa.
— ¿Quién demonios te envió eso?
— ¿Perdiste la vista? Es un número desconocido.
— ¿Crees que sea cierto? —Me mira algo triste.
—No lo sé, pero en las imágenes se ve claramente que es el.
— ¡Y una mierda! Te dije que él era igual que el puto de su amigo.
—Esta engañándome. —Dije en voz alta, tratando de comprender porque lo hace.
—Ahora si le parto la cara. Nadie engaña a mi mejor amiga y vive para contarlo. —Se levanto enojada y camino hacia la puerta.
—Espera. —Me levante. —Si alguien le partirá la cara, esa seré yo.
Llegamos a la universidad a la velocidad de la luz. En la entrada lo vi muy contento hablando con una chica. Camine firme y de un empujón despegue a la chica con la que hablaba y pegue mi puño en su cara.
— ¿Qué demonios te pasa Jessica? —Su mano viajo hasta el lugar donde mi puño había golpeado. Sentí como si me hubiese quebrado todos los huesos de mis dedos.
Saque el teléfono y le mostré las fotos.
—Puedo explicarlo. —Se apresuro a decir.
— ¿Entonces qué esperas maldito idiota? ¡Explícamelo!
—Fue solo un error. —Me reí.
— ¿Me crees imbécil? —Reí con amargura. No me lo puedo creer, no se puede ser más cínico. — ¿Cuándo pensabas decírmelo?
—Te lo iba a decir hoy. Te lo juro.
— ¿Fue solo un beso o hubo algo más? —Pregunte sabiendo que la respuesta me dolería más que un golpe en el estomago.
—Lo siento tanto Jess, en serio lo siento.
—Contéstame, maldición.
—Estuve con ella. — Sus palabras me cayeron como un balde de agua fría. En ese momento me arrepentí mil veces de haber hecho el juramento de siempre decirnos la verdad, por más dolorosa que fuera.
—Eres un maldito hijo de puta. Yo confié en ti, Richard, te di casi dos años de mi maldita vida y así es como me lo pagas.
—Lo siento tanto Jess. Yo no quería. —Levante mi mano para que se callara.
—No me digas Jess, maldito ególatra. ¿Y que, acaso ella te obligo? Cuéntanos tu triste historia Richard. —El solo me observo en silencio. — ¿Quién es la chica? ¿Acaso es esta? —Señale a la chica con la que él estaba hablando.
—Esta tiene su nombre. —Contesto la chica con voz de grillo de monte.
—Cállate porque te parto la cara. Entonces fue ella. —La mire de arriba abajo. — ¿En serio, con esta? Al menos pudiste buscarte una mejor, esta tiene pinta de zorra barata. Dios mío fui una estúpida, estuve todo el tiempo lamentándome por haber besado a Noah y tú te acostaste con otra.
— ¿Qué? —Grito. —Como que besaste a Noah. —Me mira enojado. ¿Con que derecho? Me quede callada mirándolo. Maldición no debí decir eso.
Richard empezó a caminar hacia Noah con pasos gigantes, corrí detrás de él pero no sirvió de nada, cuando llegue donde ellos, él ya lo tenía agarrado del cuello.
—Suéltalo Richard. —Le grito Ana.
— ¿Qué lo suelte? Beso a mi novia y tú me pides que lo suelte.
—Él no me beso, yo fui quien lo hizo y ya no soy tu novia pendejo. —Podía ver la cara de sorpresa en la cara de Noah.
—Dices eso para que no le rompa la cara aquí mismo.
—No. Lo digo porque es la verdad, yo fui quien lo beso en la fiesta de Jorge. Así que suéltalo Richard, él no tiene nada que ver. —Me hizo caso y lo soltó, pero antes de alejarse de él le pego en la cara haciéndolo caer al suelo.
—Esto es por meterte con mi chica. —Escupió enojado.
Me acerque a Noah y vi la sangre salir de su nariz, le pedí a su amigo que lo llevara a la enfermería antes de que el salvaje quiera volver a golpearlo. Camine directo a Richard enojada.
—Eres un maldito salvaje. Él no tiene nada que ver en esto, solo déjalo en paz.
— ¿Ahora lo defiendes? Eso es lo que faltaba, que empieces a defender a los perdedores. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te gusta?
—Si me gusta o no, es mi puto problema, ya no tiene que importarte. —Trate de alejarme, pero me detuvo agarrando mi brazo.
— ¿Qué quieres decir con eso?
— ¿Ahora eres un estúpido? Sabes muy bien lo que quiero decir con eso, pero si lo que quieres es que te lo diga directo, pues muy bien. Terminamos Richard.
—Tú no vas a terminar conmigo. No pienso dejarle el camino libre a ese perdedor.
— ¿Dejarle el camino libre? ¿Te estás volviendo loco? ¿Crees que seguiré contigo después de que te acostaste con esta? —Trate de soltarme de su agarre, pero no tuve éxito.
—Escúchame bien Jessica, no voy a permitir que estés con nadie más que yo. Yo te amo, eres la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida.
—Debes estar delirando si piensas que voy a perdonarte. Ahora suéltame. —Ordene, pero no le hace caso a mis palabras.
—Jessica, tú no puedes dejarme. Tenemos muchos planes para el futuro.
—Corrección querido, teníamos muchos planes, planes que tu mandaste a la mierda cuando decidiste acostarte con esta zorra. —Logre soltarme de su agarre. Mire con odio a la estúpida. —Espero que lo disfrutes, porque yo ya lo hice. —Voltee y empecé a caminar a la enfermería sin molestarme en mirar atrás. En la enfermería tienen a Noah con un paño en la nariz, supongo que para parar el sangrado.
—Lo siento, no quería que te hiciera daño. Lo dije son pensar, de verdad lo siento. —Trate de disculparme. Fui una idiota al involucrarlo, él no merecía ser golpeado por el salvaje de Richard.
—No tienes que disculparte, aguantaría mil golpes más por ti. —Sentí como mis mejillas empezaron arder. —Eres maravillosa Jessica, te mereces a alguien mejor que él. —Tomo mi mano y mis ojos viajaron a los de él. Tiene los ojos más bonitos que jamás había visto en mi vida.
—Gracias. —Limpie mi garganta incomoda. —Bueno espero que te mejores, debo ir a clases. —Bese su mejilla y salí de la enfermería.
El día transcurrió sin ningún otro incidente, gracias a Dios no volví a ver a Richard en todo el día. En la casa Ana no menciono el tema, seguro no quería que me incomodara. Lo único que me dijo fue que pidió pizza para la cena y que estaría en su habitación por si necesitaba algo. Después de comerme la pizza subí a dormir, no tenia nada más de hacer.