Su mente era un compendio de emociones, entre ellas el enojo y la decepción eran las ganadoras. Creyó que podía tener algo verdadero con Noa pero nada de lo ocurrido en Florencia fue real. —Pero que estúpido fuiste Alexander —rió amargamente—, ¿Cómo no viste que la niñera y la bailarina eran la misma mujer? Solo se acercó a ti porque es una oportunista. Caminó para servirse un trago, no era de tomar pero en este momento era más que necesario, quería olvidarla a toda costa fingir que esas caricias no lo hicieron estremecer hasta erizar el último vello de su cuerpo, no debió escuchar a nadie solo estaba bien, de seguir así se hubiera ahorrado muchos problemas. —Maldita la hora en la que llegaste a mi vida —dijo tomando todo el líquido ambarino de un solo trago dejando el vaso a un lad

