Matthew —Este año, la Navidad me dio un golpe de realidad —dije frente a toda mi familia, con la voz ganando firmeza—. Me di cuenta de que puedes tenerlo todo y no tener nada si no tienes a alguien con quien compartir momentos especiales. He pasado estas fiestas descubriendo que la verdadera riqueza no está en esta mansión, sino en un granero en Vermont, en una cocina llena de harina y en la valentía de una mujer que no tiene miedo de decirme la verdad, por muy incómoda que sea. Un murmullo recorrió la sala. Beatrice sonreía desde el fondo, y mi abuela me guiñó un ojo mientras bebía su licor. Yo tenía la copa levantada mientras que daba mis palabras. Las doce campanadas que anunciaban el año nuevo empezaron a sonar. El estruendo de los fuegos artificiales en la distancia se mezcló c

