Matthew Ver a Susan patinar fue como recibir una bofetada de realidad. No una violenta, sino de esas que te despiertan de golpe y te obligan a replantearte toda tu vida en cuestión de segundos. Tenía las mejillas encendidas por el frío, la nariz ligeramente roja y esa risa abierta, desinhibida, que jamás había oído en los pasillos de la empresa. Allí, en la oficina, Susan Jackson siempre era eficiente, rápida, impecable. Aquí, sobre el hielo de Central Park, era torpe, luminosa y absolutamente real. Y me di cuenta, de lo ciego que había sido. ¿Cómo había podido reducirla a un puesto ? ¿A una mentira? Ella no era solo mi asistente. Era la vida que yo no sabía que me faltaba. La versión de mí mismo que nunca había tenido permiso para imaginar. —Deja de mirarme así —dijo de pronto, resba

