No sé cuántas horas dormí, si a eso se le puede decir cuando me la pasé removiéndome incómoda en el suelo. Esto no le hace nada bien a mis costillas, que ya están muchísimo más sanas que antes, pero aun así duelen de vez en cuando. Lo único que me hacía dormir, aunque sea unos minutos, era imaginarme acostada en la cama de Damon con sus brazos a mi alrededor. Pero aquel sueño terminaba cuando alguna piedrita filosa se me clavaba en la piel cada vez que me movía al cambiar de posición. No es nada lindo dormir en el suelo, mucho menos cuando este está sucio y con mucho olor a humedad y moho. Pasarme la noche casi despierta, viendo a cualquier lugar de la habitación sin saber qué hacer hasta que el sueño me atrapase, me hacía pensar en millones de cosas. Caer en la realidad. Estoy secuestra

