Ayla iba a toda prisa, pero un evento que se presentaba cada mañana la hizo deteners abruptuamente.
—¡Nuevamente capturaste a otra ave!
Soltó molesta Ayla mientras miraba al chico frente a ella que sujetaba una jaula y dentro de esta un ave asustada.
El chico frente a ella la ignoró, sabiendo que siempre había peleas con esa chica que casi no hablaba con nadie del pueblo, así que trató de continuar con sus actividades, pero fue interrumpido por la chica que arrebató de sus manos aquella pequeña jaula que limitaba el movimiento de aquella ave.
—¡Tú no entiendes, ¿no?!... Nadie tiene derecho a privar de la libertad a nadie.
Solto molesta mientras trataba de abrir la jaula.
—No te metas en los asuntos ajenos. Además, no soy el único que hace eso; mira, todos tienen mascotas y también aves; no veo el problema. Además, si continúas, le diré a mi madre que sigues fastidiándome como todas las mañanas. Ocúpate de tus asuntos.
—Es cierto, todos tienen mascotas e incluso aves, tal como lo dices, pero tú no los cuidas, tú... No eres un buen cuidador.
—Es algo que a ti no te importa. No deberías opinar; tal como me dijo mi madre, ni siquiera formas parte de este pueblo, eres una extraña.
"Era cierto lo que decía; yo no era originaria de este pueblo; a decir verdad, de mi pasado no recuerdo mucho; son pequeños recuerdos distorsionados por una mente confundida".
El chico, un poco menor que ella, trató de arrebatarle la jaula mientras Ayla continuaba tratando de abrir esta. Ahora no solo peleaba contra un lazo fuertemente atado a la abertura de la jaula, sino contra las manos que trataban de arrebatarle al horrible aparato que limitaba y extinguía la libertad de aquel inofensivo ser.
"Esto se estaba volviendo realmente un fastidio, el todo los días pelear con este chico para tratar de liberar a un ser que sabía el claro destino que tenía, un destino que solo dependía de algunos días de vida, vida que sería un completo castigo, donde esos pocos días serían sin un poco de alimento ni agua y días donde el frío se apoderaría de su pequeño cuerpo. Durante un tiempo solo era testigo de ese sufrimiento, vi partir muchas vidas inocentes y sí, fui una cobarde al no hacer nada antes, pero me harté y siempre libero a sus mascotas. A pesar de saber que él hace algo imperdonable, las personas me han señalado a mí, y es cierto, soy una extraña para ellos, una persona que no debería meterse en los asuntos de nadie, una apestada al no tener un pasado, pero nadie debería hacer lo que este chico hace y así me odien, yo seguiré metiéndome en los asuntos de las personas que no actúan bien con otros seres".
Finalmente, Ayla logró desatar aquel lazo que dividía la libertad y la prisión y aunque fue difícil ante los jaloneos del chico, logró sujetar con delicadeza al ave que comenzaba a agitarse por la pelea externa de su jaula.
Ayla, al sujetar al ave, comenzó a correr, evitando a las personas que comenzaban su mañana, los comercios que comenzaban a colocar sus productos, las mujeres con sus hijos llevándolos al instituto. Ayla corría sin detenerse, observó un poco al ave entre sus manos y sonrió al pensar que quizás esto seguiría sucediendo, pero que no importaba cuántas veces lo hiciera; ella continuaría si eso significaba salvar una pequeña vida.
"Después de correr un largo camino evitando a las personas y teniendo su atención por lo bien conocida que era por hacer este tipo de cosas, por fin me detuve. Me sentía agitada, pero feliz. No sabía qué hacer porque en un momento recordé que era mi primer día en la clase de armas; si yo ya era médico, tenía los conocimientos para ayudar en combate, pero también quería formar parte de quienes luchan contra el enemigo, o más bien quienes luchan por proteger a quienes necesitan esa ayuda. Yo sé que detrás de mí solo había personas que me señalaban e incluso podríamos decir que me rechazaban, aun así quería ser parte de esa defensa".
"Bueno, quizás debería decir datos de suma importancia del pueblo en donde vivo, pero como ya dije, soy alguien que no tiene un pasado o quizás sí, pero no logro recordar. Puedo decir lo poco o mucho que sé del pueblo donde he vivido desde mis 15 años; sí, no recuerdo nada antes de eso, solo me levanté un día y… Bueno, eso es historia para otra ocasión. Bueno, como decía, es un pueblo en medio de las montañas, es realmente grande, con una población algo numerosa; es el pueblo más grande de los alrededores. Estamos muy cerca del mar, así que la brisa de este siempre está presente; las praderas son verdes en la mayoría del año y es realmente hermoso. El fundador de este pueblo lo llamó Beryl, que significa joya de color verde marino. Entiendo el porqué; su gente... Bueno, es gente trabajadora y yo ahora soy parte de este pueblo. Estamos en tiempos de guerra, aunque cuando no ha habido guerras, la humanidad siempre busca el dominio del poder, siempre ha buscado tener más poder, aunque esto conlleve el sacrificio de almas inocentes. Dentro de este pueblo tenemos escuelas muy comunes donde enseñan lo básico y los oficios que puedes llegar a tener, pero hay un momento de nuestra historia como estudiantes donde podemos elegir estar dentro de esta guerra. Cuando comencé mis estudios, decidí ayudar en curaciones de heridas a quienes estaban al frente. Nosotros, los médicos, debemos ser protegidos, debemos ser los últimos en morir si en dado caso ese destino nos alcanza, pero después de terminar lo básico en medicina, decidí que también quería ser parte de quienes pelean y opté por adiestrarme en armas, el uso de la espada, así que hoy iniciaré con eso. Realmente ya es más sencillo, ya que ya tengo algo de conocimiento, pero no puedo garantizar que en verdad sea algo fácil de hacer... Como dije, durante la historia de la humanidad se han querido adueñar del poder que existe, así que no es raro ver chamanes, brujas y personas que tienen un extraño poder; también desconozco mucho de ese tema; son temas que, por extraño que parezca, trato de evitar".
—¡Oye!
El grito dirigido a Ayla hizo que esta volteara a ver, dándose cuenta de que el chico que se suponía había dejado atrás estaba corriendo hacia ella con una cara de completa molestia. Ayla, a pesar de estar realmente agitada, sujetó contra su pecho al ave que desconocía todo lo que estaba sucediendo y comenzó a correr nuevamente.