Capítulo 1

1283 Palabras
La chica que hablaba demasiado Brooklyn siempre despertaba antes que el resto de Nueva York. No porque quisiera, sino porque no tenía otra opción. A las siete de la mañana las calles ya estaban llenas de vida: camiones de reparto, cafeterías abriendo sus puertas y el ruido constante del metro pasando bajo la ciudad. Sofía corría por la acera intentando no tropezar con su propia mochila. —Genial… otra vez tarde —murmuró. Miró la pantalla de su teléfono. 7:52 a.m. Eso significaba que tenía exactamente ocho minutos para llegar a la escuela, cruzar el gimnasio lleno de estudiantes, encontrar al director… y dar un discurso frente a todos. Un discurso que no había escrito. —Perfecto —dijo para sí misma—. Excelente planificación, Sofía. Doblando la esquina casi chocó contra alguien. —¡Ey! Sofía frenó en seco. —Maya. – su cabello medio rubio estaba más alborotado que de costumbre. Maya Carter la observaba con una mezcla de diversión y desesperación. —Sabía que llegarías corriendo —dijo Maya—. Siempre llegas corriendo cuando algo importante pasa. —No siempre. – dijo la chica moviendo los ojos, sabía que su amiga tenia razón, pero no es como que le daría la razón. —La vez que casi perdiste el examen final de historia también corrías. – Maya soltó una pequeña risita mientras apuraba a su amiga a que caminara. —Ese fue un evento aislado. —Y el día de la entrevista para la beca. Sofía suspiró. —Está bien, tengo un patrón. – Respondió mientras quitaba una gota de sudor de su frente, el correr había echo estragos. Maya levantó una ceja. —Son las 7:53. —Lo sé. —Tu discurso empieza a las 8:05. – le reprocho su amiga. Sofía abrió la mochila rápidamente. Cuadernos. Un libro de literatura. Un sándwich aplastado. Pero ningún discurso; sabia que no lo había escrito, pero quería hacer creer frente a su amiga que lo había olvidado, su nivel de irresponsabilidad había supero límites. Maya cruzó los brazos. —No lo escribiste. – el reproche llegaba desde el lugar en el que estaban hasta china. —Estaba pensando en hacerlo anoche. – contesto. —¿Pensando? – Pregunto su amiga con un pequeño tono de enfado. —Luego me distraje. – dijo con un mojin. —¿Con qué? —Una serie. – contesto risueña, iban a paso rápido y gracias a Dios su amiga no había visto su rostro. Maya cerró los ojos. —Sofía. —Solo vi tres episodios. —¡TRES! Esto es el colmo Sofía. – acelero el paso tratando de dejar a su amiga un poco atrás. —Era investigación cultural. – murmuro. —¿Para una serie sobre vampiros adolescentes? – sabía que lo había hecho mal, pero pensó que le daría tiempo hasta que se quedo dormida. Sofía cerró la mochila. —Improvisaré. Maya soltó una carcajada. —Claro que sí. —He improvisado antes. —Sí, pero no frente a toda la escuela. Caminaron hacia el edificio del gimnasio. Había estudiantes entrando por todas partes. Algunos miraban curiosos. Otros susurraban. Todos sabían por qué estaban allí. Maya empujó suavemente a Sofía. —Mira el lado positivo. —¿Cuál? —Si te desmayas, al menos serás famosa. – Su amiga sonrió de oreja a oreja y claramente se veía extraña, parecía muñeca diabólica. Sofía la miró. —Gracias por el apoyo emocional. – ante esto, su amiga simplemente procedió a sacarle la lengua. Maya la miró. —¿Estás nerviosa? – sus ojos verdes pálido la miraban con un destello que había visto muchas veces en su amiga, preocupación. —Un poco. —Mentira. —Mucho. —Lo harás bien. En el aula no haces silencio, no hay problema en ello; es tu especialidad. – si, era cierto. Sofía respiró profundo. Tal vez Maya tenía razón. El gimnasio ya estaba lleno cuando entraron. Las gradas estaban ocupadas por estudiantes que hablaban entre ellos mientras esperaban que comenzara la pequeña ceremonia. En el centro del lugar había un pequeño escenario improvisado. El director estaba ajustando el micrófono. Sofía sintió un nudo formarse en su estómago. Hoy anunciarían oficialmente que había ganado una beca completa para estudiar en Hawthorne Academy. Una de las escuelas privadas más prestigiosas de Nueva York. Un lugar donde estudiaban hijos de empresarios, celebridades y políticos. Un mundo completamente diferente al suyo. Maya se inclinó hacia ella. —Respira. —Estoy respirando. – dijo con la voz entrecortada, no sabía porque estaba tan nerviosa, conocía a los presentes del salón y había hablado antes en público. —Estás respirando como alguien que está a punto de desmayarse. – dijo su amiga con cara de obviedad. —Eso es entusiasmo. – dijo ella rápidamente. —Eso es pánico. El director tomó el micrófono. —Buenos días a todos. Poco a poco el murmullo del gimnasio se apagó. —Hoy celebramos algo muy especial para nuestra escuela. Sofía sintió que su corazón comenzaba a latir más rápido. Muy rápido. —Una estudiante ha logrado algo extraordinario este año —continuó el director—. Gracias a su esfuerzo y talento ha conseguido una beca completa para estudiar en Hawthorne Academy. Maya susurró: —No te desmayes. —No planeo hacerlo. —Perfecto. Porque te grabaré si pasa. El director sonrió. —Quiero invitar al escenario a Sofía Rivera. – todos los ojos se posicionaron en ella. El gimnasio estalló en aplausos. Sofía caminó hacia el escenario intentando recordar cómo funcionaban sus piernas. Tomó el micrófono. Miró a los estudiantes. Luego al director. Después a Maya, que levantó ambos pulgares. Sofía respiró profundo. —Hola. – soltó mas bien un murmullo. Silencio. —Bueno… este sería un gran momento para tener un discurso preparado. – dijo a modo de chiste, aunque debería ser así. Su madre no crio a alguien tan responsable lamentablemente. Varias personas rieron. —Pero olvidé escribirlo. Más risas. El director parecía ligeramente preocupado. —Así que voy a decir lo que probablemente diría si lo hubiera hecho. – dijo con una sonrisita nerviosa. Sofía miró alrededor del gimnasio. —Primero… gracias. No porque sea un genio ni nada así. La verdad es que la mitad del tiempo solo hablo demasiado en clase. Risas más fuertes. —Pero supongo que hablar demasiado a veces sirve para algo. – recalco encogiéndose de hombros. Se detuvo un segundo. —Voy a estudiar en una escuela donde probablemente los estudiantes tengan zapatos más caros que mi teléfono. – Probablemente no. Era mas bien un hecho. Todo el gimnasio estalló en carcajadas. —Pero prometo algo —continuó—. Voy a aprovechar esta oportunidad. Y si algún día alguien más de esta escuela tiene un sueño grande… espero que también le digan que sí. Silencio. Luego aplausos. Muchos. Sofía bajó del escenario con las mejillas calientes. Maya levantó ambos pulgares. —No lo arruinaste. – dijo su amiga contenta. —Gracias por tu fe. – respondió con sarcasmo. —Casi me da un infarto cuando dijiste que no escribiste nada. - —Funcionó, ¿no? Sofía miró hacia las ventanas del gimnasio. A lo lejos, Manhattan brillaba bajo la luz de la mañana. Dentro de unas semanas, ese sería su nuevo mundo. Un mundo lleno de estudiantes ricos, reglas nuevas y personas que probablemente no tenían idea de cómo era crecer en Brooklyn. Lo que Sofía todavía no sabía… era que en esa escuela había un chico que también se sentía atrapado en un mundo que no había elegido. Un chico que vivía en un rascacielos de Manhattan. En el piso 38. Y muy pronto… sus mundos iban a chocar.
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