La cocina era amplia y acogedora. Fue creada para disfrutar cocinar con la familia al lado. Cassie sintió nostalgia; recordó cuando sus padres y hermano mayor vivían junto a ella. Disfrutaba de esos recuerdos aunque resultaran dolorosos. —Toma asiento, querida. —Marleen le señaló los taburetes rojos alrededor de la mesa. Presumía que era caoba por su color y diseño—. Disculpa lo poco recogida que está la cocina. Normalmente no tenemos visitas sorpresas. —Y menos a estas horas —corroboró Cassie sonrojándose. —Pero agradable visita. —Le sonrió mientras ponía tres tazas blancas gigantes, dos frente a ellos y una en sus manos. Cassie le devolvió la sonrisa. Era tan amable. Sus ojos se humedecieron por la nostalgia de haber perdido a su propia madre. —¿Estás bien, niña? —Soltó la taza y se
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