Después de dejar a Verónica en su casa, Benjamín llevó a Carolina a su departamento, ella lo invitó a pasar. Esa noche las cosas entre ellos se veían mucho mejor. ―Son más de las doce ―bromeó ella mirando su reloj, eran casi las dos. ―Estabas con el príncipe. ―Pero no perdí ningún zapato, no me va a poder encontrar. ―Si ese príncipe solo es capaz de reconocerte por tu zapato perdido, entonces no es para ti. Él se acercó a ella, quería besarla, demostrarle todo su amor. Ella bajó la cara y se apartó un poco, encendió la cafetera. ―¿Quiere un café? ―Sí. Ella lo preparó y los sirvió en la mesita de la cocina. ―¿Por qué me temes, Carolina? Aparte de estas discusiones de niños que hemos tenido, ¿te he demostrado que puedo lastimarte de alguna manera? Ella lo miró, suspiró y
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