La miré dormir aquella noche, toda la noche, pensaba en que ya no había vuelta atrás entre ella y yo, tampoco lo ansiaba. Ella era especial para mí, pero no la amaba como mujer. Nunca debí tomarla, estaba confundido, creí que era lo que quería, pero no. Al verla dormir así, no me nacía ningún deseo por ella. Cariño, sí, despertaba en mí sentimientos de ternura, de protección, no de amor. Esperaba que, algún día llegara la chica que moviera de verdad mi corazón, porque Rithana, definitivamente, no lo hacía. La operación, lo haya dicho o no Micerino, no sería fácil, era Rodhon y un séquito, ¿de cuántas personas? No lo sabíamos, ¿cuántos eran los nuestros? Tampoco, solo sabía que contábamos con Celia, su hija y ¿los tres faraones…? ―Cuídate, Jorge, por favor ―me suplicó Rithana aquella ma

