CAPÍTULO VEINTISÉIS Si esto era lo que Ryan Hernández consideraba un hotel decente, Jessie no quería ni imaginarse lo que consideraría como condiciones inaceptables de habitabilidad. Cierto, esto solo era para una noche y la mayoría de sus sugerencias habían sido opciones semanales, pero, aun así, no resultaba realmente acogedor. Al menos estaba limpia. No había visto ni una cucaracha. Pero la habitación olía a moho, como su no hubieran abierto las ventanas en varios meses. Era más bien un motel, con una puerta que daba a un aparcamiento ruidoso y excesivamente iluminado. La máquina del hielo estaba afuera y al final del pasillo, lo que significaba que podía haber estado en Siberia. De ninguna manera iba a salir Jessie en su ropa de andar por casa con estas temperaturas gélidas. Habría

