Capítulo 6
REBECCA.
Creces, amas, duele, deseas.
Deseaba casarme algún día con la persona que amaba y deseaba ser feliz, jodidamente feliz.
Muchas veces pensé en entrar a casa de Zack con un bonito vestido de novia, con una sonrisa de oreja a oreja porque éramos una pareja feliz, no porque éramos un matrimonio por contrato en el cual sólo yo fuera la que sintiera amor.
La casa de Zack, esta era tan grande que deseaba que no me lo topará todo el tiempo, pocas veces sería más que suficiente quizá. Pero lo dudaba porque últimamente si hablábamos de suerte yo no tenía, me iba cada vez peor y eso parecía ser una comedía romántica, más trágica que nada para ser honestos.
Me resultaba gracioso y trágico a la vez, pensaba en cientos de circunstancias y que quizá en algún punto seria feliz pero... Era imposible.
Miré hacía la habitación con un poco de detenimiento para soltar el aire de mis pulmones, tenía un par de planes en mente que esperaba cumplir. Lo haría.
—Hola Nora—, sonreí levemente.
—Niña Rebecca, me alegra verla de nuevo—me abrazo Nora. Le sonreí regresando el abrazo—, Se casará con mi niño, ¡Que alegría! desde que eras una niña lo amabas. Podía ver cómo tus ojos lo seguían con emoción.
Me preguntaba, ¿Qué personas del entorno de Zack sabían que esto no era un chiste? Esto era eso, un chiste, para él más que nada porque yo estaba enamorada de él desde que tenía siete.
Siento que siempre habría sido demasiado obvia con mis sentimientos con Zack sin siquiera darme cuenta, era una niña, era inocente y solo esperaba recibir el mismo amor que yo sentía por él. Me equivoque en muchas cosas siendo honesta.
Asentí, sonriendo sin sentir nada. Deje caer mi peso en la cama. A diferencia de cómo solían poner a los chicos guapos y fríos en los libros ficticios, Zack no tenía un oscuro pasado en donde su madre murió o una chica con la que se casó lo hizo o lo dejó plantado en el altar. Quizá había algo que aún yo no sabía, pero lo dudaba; él siempre habría sido un completo imbécil con cada una de las personas
que se enfrentaban a él. Era un hijo de…
—Él viaja mucho, ¿No es así? —le pregunté a Nora, alzando las cejas—, Así que pasa poco tiempo en casa, ¿No?
—No tanto en realidad, preciosa—Dijo Zack adentrándose a la habitación—, Pero vendrás a cada viaje conmigo, entonces no te preocupes, me mirarás siempre.
Maldije entre dientes para apartar la mirada de él, deseaba no verlo mucho pero parecía ser inútil. Porque las circunstancias demostraban no ir por ese rumbo.
—Sí. Tenía ese gran dolor en el pecho, dudando que sería de mí sin ti—dije sarcástica. Él sonrió—. Gracias Nora, de verdad.
—Un gusto, mi niña.
Nora salió de mi campo de visión, miré las paredes, todas tan vacías cómo el centímetro anterior, parecía que odiaba la idea de que algo lindo adornara esas paredes blancas, no me gustaba que todo estuviera así, tan aburrido.
—Ahora no tienes que preocuparte, sabes que me verás a diario.
—Sí, estaba abrumada con ello—, Dije con sarcasmo—, Con eso que me encanta verle.
—No seas mentirosa preciosa. Qué te encanta verme—, Me encerró entre la pared, me salí de esto rápidamente—, ¿Seguirás molesta toda la vida?
—No. Sigo mi contrato Señor Bennet—, dije con desdén.
Su mano me sujeto del brazo y me jalo presionando su cuerpo con el mío mirando directamente a los ojos. Paso su mano en mí cintura y me acercó a él bruscamente, le miré con ligera mueca.
—Vuelve a hablarme así, de Señor y te juro que te haré gritar mi nombre entre gemidos pidiendo más—, susurró en mi oído.
Tragué en seco y miré a sus ojos dudosa. Me quedé callada intentando controlarme.
—Lo dejaré de hacer. Porque nunca, escucha bien Zack, nunca tendrás eso de mí— Le dije mirando a sus ojos—, Jamás tendré sexo contigo.
—Lo harás. Serás tú quien me pida eso, quien abra sus piernas y desee que no salga de ahí.
—Eres un guarro—, solté rodando los ojos—, No me toques, Suéltame.
Apenas lo dije me solté de su agarré y caminé un poco, pero me detuve al escuchar su voz.
—Vendrá mi familia a cenar. Prepárate—me dijo seco, alce las cejas—, En realidad, vendrán muchas personas. Compré un vestido para ti... Seguro no tarda en llegar.
—Ah... Pero—, alcé las cejas para no decir nada al final de cuentas.
—¿Qué?—, preguntó seco.
—¿Vendrá Esteban? —pregunté con burla, sus ojos me miraron con cierto toque de molestía—, Seguro a tu madre le encantará la historia de cómo golpeaste su rostro, por un trago, no dudo que el rostro le quedará hinchado.
Habría sido un día largo y en este habría podido ver como sus nudillos se habrían hinchado, lastimado.
Mis palmas estaban heridas y después de un rato el dolor si habría comenzado a llegar, no quería ir al hospital así que lo toleraba.
Además de qué de un modo me daba cierta satisfacción el haber cambiado el dolor emocional por el físico, ¿Por qué? No lo sabía con claridad.
—Rebecca—, me advirtió con las cejas fruncidas—, Más te vale...
—No es que yo le vaya a decir—, Interrumpí. Su mano me tomo con fuerza del rostro, más no me hizo daño—, pero seguro con tu mano hinchada y su rostro del mismo modo, mucho
mucho, no se tiene que pensar
Le miré desafiante y esperé que terminará de hablar. Me miró con enojo que fue disminuyendo poco a poco, para después mirarme entre curiosidad y duda.
—¿Por qué me odias tanto? —dijo acercándose a mí, sus ojos miraron mis labios—, ¿Pasaste del amor al odio?
—¡Y dale con el amor! ¡Amor, amor, amor! ¿Qué sabes tú del amor? —pregunté enojada. Tomando su mano intentando soltarle. Le miré a los ojos—, ¿Has amado a alguien además de ti alguna vez?
Nuevamente el enojo regresó a él cómo si hubiera dicho las palabras justas para herirlo, su agarré fue más firme, pero no más fuerte, intentando marcar autoridad—o alto parecido—no lo lograba, no le tenía miedo.
—Quiero la fiesta en paz, Rebecca—me dijo mirando sin apartar la mirada de mis labios—,¿Qué es lo que quieres para que esta loca maniática se vaya a dormir por unos días?
Solté una risa irónica. No estaba loca, ni mucho menos... Estaba exhausta y quizá estresada y con ello las emociones salían a flote dentro de mí causando todo este revuelo y el enojo salía entre gritos y palabras un poco hirientes. No me gustaba ser así, pero no podía controlarlo.
Habría perdido la razón, quizá. Pero no estaba loca.
—¿Loca maniática? —pregunté, a lo que él alzó ambas cejas—, Que agradable.
—¿Qué es lo que quieres?—insistió. Sus ojos se pusieron en blanco y su modo de llegar a un acuerdo era patético.
—¡Ay, por favor!—, Exclamó con ironía.
No sabía que era lo que quería lograr, ¿Una fiesta en paz? ¿Cómo llevaríamos una fiesta en paz? No podía soltar un par de palabras hirientes y después decirme una fiesta en paz, ¡En paz mis calzones!
—¿Qué es lo que quieres Rebecca?
Me quedé pensando un par de segundos y sonreí con ironía.
—¿Qué que quiero? Quisiera que Demian no tuviera cáncer, quisiera no haberte dicho que me gustabas—alcé ambas cejas y le miré a los ojos—,¡Ah! Y quisiera ir al mar, con un jodido coctel en la mano, viviendo de vender pulseritas hechas por mí.
—Jodete, Rebecca—dijo molesto soltandome.
Apenas lo hizo salió de la habitación saliendo de mi campo de visión. Solté un suspiro un poco cansada, para dejarme caer en la cama de un modo dramático tallando mi rostro con frustración, ¡Qué era un idiota!
Pase casi toda la tarde replanteando miles de ideas en mi cabeza, una tras otra, tras otra; era curioso y tonto el hecho de que todo esto sucediera de este modo. No quería ver a su familia porque me atacaba de un modo tonto, me decía que no sería suficiente para nadie y que... tenía mucha suerte de salir con Zack, "El único éxito en tu vida será él".
Siempre me pregunté, ¿Cómo es que te enamoras de las cosas que no puedes tener? Es cómo si quisieras enamorarte de algo que sabes perfectamente que no puedes llegar a tener, cómo ir corriendo detrás de un jodido demonio y esperar que eso no cambiará, en lo absoluto.
Parece que nos gustará salir heridos de cientos de modos, y al final resultaba ser tonto y... Patético, ¿A que clase de persona le gustaba sufrir? Quizá a mí sí.
Nunca supe con claridad el porque me enamoré de Zack, en realidad, nunca habría tenido un buen gesto conmigo, sí, podríamos haber tenido muchas pláticas tranquilas, pero nada habría sido algo cursi, no se que habría sido lo que mis ojos habrian captado en él, porque... No era buena persona, no era amable, no era nada deeso... habría mirado en el algo que nunca habría sido para mí, ¿Cómo te enamoras de alguien que jalaba tu cabello a los once? ¿Cómo te enamoras de alguien que parece odiarte con cada segundo de su vida?
Nora me ofreció comer en más de una ocasión pero me negué, no quería que la madre de Zack me juzgará por cualquier detalle que ella pudiera, así que evitaba la mayoría de las cosas.
—Este es el vestido—, espetó seco Zack, adentrándose a la habitación—, ¿Qué haces acostada aún?
—Aun es temprano—, dije sentándome en la cama. Para ver aquella bolsa que se miraba bastante fina—. Gracias. ¿Cómo supiste mi talla?
—No quiero que se te haga tarde—, dijo con simpleza. Para mirar hacía mi celular—, Por cierto. Es una cena importante, no vendrán los medios... Pero si mucha gente importante.
—Ajá. Sí—, dije levantándome mirando mi cabello.
Me acerqué al espejo mirando con atención mi rostro y mi cabello sintiendo como muchas emociones recorrían mi cuerpo, Zack se posó detrás de mí y posó sus manos en mis hombros haciendo que mi piel se erizara.
—Prepárate ya. Ponte más guapa.
¿Él creía que era guapa? Esa pregunta llegó a mi cabeza a una gran velocidad, solté el aire de mis pulmones apenas salió de mi campo de visión recargando mi peso en el tocador, ¿Por qué se empeñaba en hacerme daño? ¿En confundirme?
La noche cayo, cómo si se tratase de algo especial en mi cama yacía un lindo vestido rojo, ardiente, lleno de sensualidad, eso fue lo que pensé.
Nunca pensé en usar un vestido tan... Tan sensual, que marcará las curvas de mi cuerpo con detalle. Solté un suspiro y me adentré al baño para comenzar a bañarme.
Recargue ambas manos en el cristal del baño y esperé a que el agua cayera en mi cabeza y cuerpo, esperaba que el agua aclarara mi mente... Era imposible poder hacerlo.
"Rebecca Ferreiro, tan diferente a Renata, ¿Se casará con la gemela estrellada?" Fue en un noticiero que habría escuchado apenas nos comprometimos. Me dolía.
Siempre ponía la otra mejilla y sonreía ante los medios pero nuca habría dejado de doler o quizá nunca habrían presionado tanto aquella herida. Mi personalidad no era mala, era aquella personalidad que hacía reír a las personas, simpática y un curita, lastimosamente quizá lo habría comenzado a ver como un defecto.
Alguna vez Esteban me lo dijo, todos te usan como un curita y cuando sanan te desechan. Dolía.
Apenas salí de bañarme tome aquel vestido pasando mis manos por la tela con una ligera mueca llena de confusión.
Una muñeca de aparador.
Miré mi reflejo, siempre habría amado que mi cabello me llegara al trasero, pero... Era lo que más nos asemejaba de Renata, ambas amábamos eso. Solté un suspiro para caminar hacía el tocador y sacar un par de tijeras.
El mundo cambia, deberíamos cambiar nosotros también, ¿No?
Comencé a cortarme el cabello a mitad de la espala, quizá un poco más abajo... Y a pesar de haber cortado demasiado cabello aún seguía largo. Tenía la certeza de que esto podría cerrar un ciclo—de verdad esperaba que sucediera—no quería seguir siendo la lastimada.
Tendría que dejar de hacer mi drama, pero porque las cosas irían hacía otro rumbo, bien, Zack me estaba usando para mantenerse cómo el heredero de la empresa Bennet, yo tendría otros objetivos.
Uno de ellos, salvar a Demian.
Apenas esto sucediera, me iría a Cancún, escaparía y me quedaría a un costado de la playa bebiendo un cóctel o una piña colada, vendería unas lindas pulseras hechas por mí y sería libre... Cómo siempre lo habría deseado.
Me maquille ligeramente. Con un poco de rubor y las pestañas, solté un suspiro pesado y rodé los ojos para colocarme aquel vestido y colocarme un par de zapatillas altas, mirando hacía mí reflejo. Peine mi cabello dejándolo suelo y me miré nuevamente.
—Todos los planes deben salir a la perfección—, dije con una mueca.
Comencé a bajar las escaleras con pasos tranquilos esperando que los pensamientos dentro de mi no fueran demasiados. Tenía que tener la mente clara sobre todo, la cabeza fría para que todo saliera acorde al plan.
Lo primero que mis ojos captaron fue a Zack, camine hacía él intentando que el nudo en el estómago no se convirtieran en arcadas. Cruce los dedos.
Antes de llegar con Zack los padres de él me interceptaron apenas baje las escaleras, él Sr. Bennet era agradable, la Sra. Bennet era un demonio.
Esa señora era un caso especial, era la persona más necia, testaruda, payasa... Y sobre todas las cosas era un horror.
¿Conocían los casos de las personas que deseaban que todo fuera perfecto? A costa de las costillas de los demás... Pues, la madre de Zack se quedaba demasiado corto. Los ojos de Zack llegaron a mí y comenzó a caminar en mi dirección.
—Hola Sr. y Sra. Bennet—saludé dejando un beso a cada uno—, Esteban, que gusto ver de nuevo a la familia Bennett de nuevo reunida. ¡Enhorabuena!
Zack me miró y se colocó a mi lado, le sonreí dulce para mirar hacía la familia Bennet como si estuviera alegre de verles. En realidad me daba demasiada cólera.
—Rebecca. Pero qué alegría verte tan fresca—, mencionó la Sra. Bennett. Le sonreí—, Tan tranquila, fuera de aquel torbellino que siempre has sido.
—Sí. Ya ve lo que hace amar a una persona como Zack—, dije con una sonrisa fingida disimulada. Entrelace mi brazo con el suyo—, Soy afortunada.
Patrañas. Habría actuado como si aquello que dijo fuera gracioso para mí, en realidad no lo fue.
Constantemente me decía que debería de ser menos
loca, menos aquel torbellino y más cómo Renata, vamos, ¿Si somos gemelas por que sería tan difícil imitar un poco su acción?
—¡Pero mira! ¡Fue un cambio sorprendente! Una digna chica para alguien tan importante. Por fin vales la pena.
Maldita bruja.
—Ya ve, las personas cambian—sonreí. Miré hacía Zack—, Más cuando se encuentran a la persona que aman. Y yo amo a su hijo.
Habría escuchado a Zack. Su madre quería que las cosas fueran con naturalidad y que esperaba que pudiera enamorarme, detrás de la puerta, “que coma de tu mano, de preferencia. Que sea como... Una muñeca que puedas moldear a tu modo, se autodenomine tuya”, "ella sí tiene que estar enamorada de ti"—Dijo. Si la madre de
Zack escuchará las peleas conmigo, dejaría de darle dinero a mis padres.
Respeto. Era lo que ella deseaba que le tuviera a su hijo, ¿Si se enteraba que actualmente comenzaba a sentir odio?
—Sí, eso he escuchado—, mencionó una de las amigas de la madre de Zack, posándose a un lado de ella... Para ver a el par de hermanos—, Zack, Esteban, ¿Ustedes han peleado?
—Pues...—comenzó Esteban.
—En realidad, me defendieron—dije sonriendo de lado, miré hacía Zack y sonreí, mis ojos seguramente se abrían llenado de completa emoción para recargar mi cabeza en su pecho, sus manos rodearon mi cintura aprovechando el momento—, Ya ve que la Sra. Bennett ha criado caballeros. Dos caballeros de reluciente armadura. Me faltaron el respeto y ambos me defendieron... ¡Son tan tiernos!
—Ya—Asintió. Sonreí de lado para mirar a ambos chicos—Sí Gema, m has criado dos hijos maravillosos.
Asentí para enderezarme. Esteban era maravilloso de eso no tenía duda. Era todo un caballero y habría logrado ser tan amable conmigo. Le tenía un cariño impresionante. Era una increíble persona.
Por el contrario de Zack... un ser primitivo tendría más neuronas que el y SÍ las usará.
—Sí, mis hijos son grandes personas.
Asentí soltandome del agarre de Zack con discreción para mirar hacía él quien me agradeció ligeramente.
Sentí cómo Esteban se acercó a mí.
—¿Por qué haces esto? —, susurró Esteban—Así no sucedieron las cosas. Y lo sabes perfectamente.
Lo sabía y no lo habría olvidado, no podría hacerlo jamás, era cómo si aquellas palabras se repitieran en mi cabeza cómo una especie de melodía pegajosa que no pudiera olvidar, recordaba cada segundo cómo el mencionaba que yo era patética.
—Seguro querrás explicarle a tu madre que tu hermano te partió la boca—dije sonriendo bajamente. tome una copa de vino y darle un trago a esta—, Seria un escándalo. Sabes perfectamente lo mal
que les vienen a tus padres los escándalos.
—¿Acaso te importan los escándalos? —preguntó tomando una copa, aplané los labios ligeramente—, Porque que yo recuerde eres una bomba de tiempo.
—No. Pero siempre ten un plan B, Esteban—, bebí de mi copa de vino y sonreí—, Sin planes, las cosas salen mal.
Comencé a caminar en dirección del jardín mirando con atención el lugar esperando que las cosas dentro de mi corazón y cabeza se enfriaran nuevamente, comencé a ver las flores que se encontraban aquí plantadas, enormes y preciosas, sabía que era un buen lugar para sacar los pensamientos de mi cabeza.
Podía pensar en la piel pálida de Demian y sus ojos que parecían estar confundidos, siempre, cuando sentía que desentonaba en estos lugares me repetía, “lo haces por él”, pero comencé a preguntarme... ¿Por qué si aún se necesitaba dinero si teníamos el suficiente para eso?
—¿A qué se debió esto? —preguntó Zack a mi lado, le mire de reojo.
—Mi acto benéfico de la noche—, me burlé.
Si alguien me dijera que esto era real, me burlaría.
—¿No querías jugar?—se mofó con burla. Encogí mis hombros.
—Y lo haré. Seré una pesadilla para ti—, mencioné burlesca girandome directamente en su dirección —, Pero...
—Quieres algo—, Señaló apenas entendió. Asentí.
—Bingo—Dije tomando de mi copa—Estudios. Quiero que un doctor que no conozca mi madre me diga que es lo que tiene Demian.
—¿No confías en tu madre Rebecca?
Demian, cuando Demian escondía los medicamentos en las macetas de la casa, las plantas morían, pero poco a poco el color en su rostro regresaba. Quería saber… No decía que mamá se hubiera inventado la enfermedad de Demian, pero… Quizá había un diagnostico equivocado sobre él.
—No es eso, no…—dije alzando las cejas—, Quiero confirmar que él tiene cáncer.
—¿Cuándo será el día que pidas algo para ti? —menciono con frialdad. Para irse de mi vista.
Me terminé mi copa para regresar hacía los demás, dejé mi copa con uno de los meseros y miré hacía mi entorno, él vestido se ajustaba en mi cadera, pero no se pegaba a mi cuerpo, no me gustaban ese tipo de cosas y siempre hacía lo posible por decir una talla extra.
—¿Quieres bailar? —preguntó Esteban, dejando una copa en mi mano —, Cómo en la preparatoria,
—Me encantaría, pero seguro Zack comenzaría una reyerta y con ello tu madre se pondría furiosa.
—Sí, el rojo en su rostro —se burló, sentí cómo me tomaban de la cintura, era Zack—, ¿Te importa lo que diga?
—Tengo otros planes—, mentí.
—Cariño. Mi amor, ¿Qué sucede?—, la pregunta de Zack me sobresalto.
—Nada, amor mío—, canturreo con burla.
Sus ojos miraron a Esteban y el le dio una mirada enojada.
—Ven —dijo frío, tomo mi mano y comenzamos a caminar en dirección en donde se encontraban personas bailando ya —Te tengo una propuesta.
—Dime.
Tomó mi cintura apenas llegamos al centro y comenzamos a bailar, un vals lento, al ritmo de la melodía que se reproducía, mis brazos estaban enrollados en su cuello y podía sentir mi corazón latiendo con un poco de velocidad, pero no la suficiente.
No importaba el enojo que sintiera mi cuerpo seguía reaccionando ante su cercanía y eso me irritaba.
—Tendrás eso que quieres, de tú hermano. Lo llevaré con el mejor doctor del país —, me dijo, me acercó un poco a él, muchas miradas estaban sobre nosotros —, Dejarás de coquetear con Esteban.
—No coqueteo con él, no me gusta es mi mejor amigo Zack, es real lo que te digo —, le prometí. Asintió para mirar hacía su madre, acunó mi rostro en su mano, mientras que la otra seguía en mi cintura —, ¿Te molesta?
—Quiero que las cosas salgan perfectas Rebecca.
—No me meteré en problemas Zack. Es importante para ambos...—, mencioné ligeramente a lo que él sonrió de lado—, Seré aquella muñeca de aparador de ser necesario.
—No—, interrumpió. Fruncí mis cejas ligeramente—, No quiero ninguna muñeca de aparador... Ni esto que eres ahora.
—¿Perdona?
—Quiero que dejes este absurdo intento de ser Renata...
—¿Intento de Renata? —pregunté.
—No eres Renata, eres Rebecca y no deberías de ir por la vida intentando ser ella. No eres tan mala, para querer ser alguien más.
—¿Ser alguien más? —nos acercamos un poco para continuar el baile ligeramente —, Tu hiciste el contrato, Zack. Especificaciones de cómo querías que fuera… Eso estoy siendo. El diseño de la muñeca que querías del estante.
—Pues no lo quiero más. Quiero que seas tú.
Sentí como su respiración y la mía chocaban, me atrajo un poco más hacía él y miré sus labios, ¿Por qué todo se sentía tan difícil?