Oí las puertas cerrarse atrás de mí, unos segundos después vi a Edmond rodearme para detenerse a unos pasos de mí. Se recostó del borde de su escritorio y se cruzó de brazos. —¿Entonces? —preguntó indirectamente—. ¿Qué te trae por aquí? Tragué saliva y lo miré fijamente cuando decidí decirle todo. —Vamos a divorciarnos. Edmond estrechó sus ojos mientras se levantaba lenta y simultáneamente del escritorio y dejaba caer sus brazos. —Creo que hemos… he llegado demasiado lejos con todo esto—me adelanté antes de que él pudiera decir algo—. Leí el contrato, así que no te preocupes, te daré hasta el último centavo que me diste. Por suerte no gasté nada. Revisé mi cartera y saqué el teléfono que Edmond me había comprado y lo estiré en su dirección. —Gracias por el teléfono—pero él no

