Narra Elizabeth. La humedad de mi zona íntima me hacía sentir sensible tanto que quiero tocarlo, sentirlo, lo deseo tanto, pero estoy tratando de recordarme que este hombre no es bueno para mí, aunque me haga sentir mariposas en el estómago. ¡¡Eso no quiere decir que no pueda jugar un rato con él!! Pensé sonriendo. —Eres más hermosa cuando sonríes — me dijo Gregory acariciando mi rostro y relamiéndose los labios lentamente sabiendo que para mí eso es una tortura, mis ojos seguían cada movimiento de su traviesa lengua esa que muero por chupar. —Pídeme que te folle Gregory —le dije tratando de imitarlo, pero no pude sonar con dureza ni tan dominante cómo lo hace él. —Así que la niña quiere jugar — su mirada se oscureció y ahora yo me sentía como una pequeña oveja delant

