En cuestión de minutos, Alaric se enteró de lo ocurrido en la familia Stone y condujo rápidamente hasta el hospital, temiendo que su gatita estuviera sufriendo a solas. Una hora más tarde, Mercedes se despertó lentamente, y Selene rompió en llanto de alivio. —Mamá, ¿te encuentras bien? ¿Sientes alguna molestia? —preguntó Selene con ansiedad, apretando su mano. Mercedes odiaba sentirse tan débil. Se lamentaba por haberse desmayado en ese momento y causarle más preocupación a su hija. Al ver los ojos rojos de Selene, la angustia la invadió. —Estoy bien... Lo siento, mi niña. —No digas eso, mamá. Me alegro de que estés bien, eso es lo único que importa. Mercedes sonrió y secó las lágrimas de las mejillas de Selene con ternura. —¿Y tu papá? —Sigue en la sala de emergencias —respondió S

