Extra: Floreciendo en la Adversidad

777 Palabras
***El siguiente capítulo, es un fragmento de la vida de Ángela, la protagonista de la siguiente historia. No spoiler (bueno, tal vez un poco). La podrás encontrar como: Floreciendo en la Adversidad.*** -Buenos días, Ángela, ¿cómo estás? –Sebastián, extendió su mano cortésmente a la mujer que estaba atravesando la puerta de su oficina. -Bien Sebastián – ella, respondió a sus palabras y al saludo. -Siéntate por favor, ¿cómo están los niños? –Preguntó con genuino interés. La mujer de aspecto elegante y atractivo, tomó asiento frente al escritorio, en uno de los sillones frente a éste. -Lo están sobrellevando bien – pudo contestar sin perder la postura distinguida. -Me alegra escuchar eso –él alcanzó a decir honestamente. -No quiero quitarte mucho tiempo - lo interrumpió, porque ella no estaba acostumbrada a estar en una posición de desventaja. -¡Vamos Ángela! Sabes que Rodolfo era mi amigo. El apoyo que te ofrecí aquel día, es real y honesto –Sebastián ratificó sus sentimientos desinteresados. -¡Muchas gracias! ¡Lo apreció! – La mujer sacó un pañuelo de su bolso, limpiando de manera delicada, la lágrima que se había deslizado por su mejilla. Aún sentía esa opresión en su corazón, con el simple hecho de escuchar su nombre. -Sé que siempre estuviste interesado en la propiedad de Ciudad Lambda y… Fuiste la primera persona en la que pensé, la voy a vender. – -¡¿Vender?! –Sebastián reaccionó sorprendido. -Pero, Rodolfo nunca quiso. ¿Piensas invertirlo de nuevo en la empresa? –No era un secreto lo que estaba sucediendo, después de todo, había salido en las noticias que Grupo Vietz se había declarado en bancarrota. -Sí – suspiró; aun cuando no tenía por qué darle explicaciones, además de que no le gustaba hacerlo, lo hizo. –Es la empresa que él fundó, que hizo crecer y era su sueño, que sus hijos la manejaran cuando crecieran; haré todo lo que esté de mi parte para mantenerla con vida. – Sebastián sonrió, escuchar aquellas palabras lo hizo sentir bien por su amigo. -¡Bien! Hagamos una cosa, te daré lo que corresponde al valor de la propiedad, pero como préstamo… - -No vine a pedirte un préstamo. -Ángela se apresuró a responder, hablando con orgullo; pero Sebastián alzó la mano, indicándole que guardara silencio, después de todo lo había interrumpido. -Soy un hombre de negocios Ángela, firmarás un documento donde la propiedad quedará como garantía, obviamente la voy a utilizar el período de tiempo que te tome recuperarla; ese será el favor, la podrás recuperar cuando hayas estabilizado la empresa, y esto lo estoy haciendo por Rodolfo, por lo que su amistad significó para mí. –Sebastián, sabía que ella era alguien sumamente orgullosa, su amigo se lo había contado en reiteradas ocasiones; pero él, tenía experiencia tratando con esa clase de personalidades, para obtener siempre lo que quería, en este caso: ayudarla. -¡De acuerdo! Quiero aclarar, que haré que mi abogado revise el documento que me harás firmar, no es que desconfíe de ti, pero estoy intentando iniciar esto de la manera correcta – ella se mantuvo impasible. -Me sentiría ofendido, si firmaras sin leer el documento. –Ángela sonrió, recordando que Rodolfo, su esposo, tenía ese juego con ella. –¿Tienes la valoración de la casa? –Preguntó Sebastián, entonces ella extendió la carpeta con los documentos sobre el escritorio –Bien, ¿me los puedo quedar para revisar que todo esté en orden? – -¡Claro! –A final de cuentas, la transacción era un hecho. -Mañana tendré listo el documento y disponible el dinero, puedes venir con tu abogado a las 10 de la mañana, ¿te parece? –Sebastián le propuso. -Perfecto – ella fue la primera en ponerse de pie, estrechó de nuevo la mano de Sebastián y caminó hacia la salida de la oficina, pensando. Antes de abrir la puerta, se giró para ver al hombre que estaba cumpliendo su palabra de ayudarla. –¡Muchas gracias! – Salió del edificio, dándose cuenta que las palabras de Rodolfo eran ciertas en tantos aspectos. Uno de ellos, era la lealtad e incondicionalidad que siempre se jactaba tener de parte de su amigo Sebastián. Otro era, que se la pasaba moralizándola, a pesar de hacerlo de manera dulce, no perdía oportunidad para hacerle ver que para ella, era sumamente difícil no reaccionar con orgullo cuando alguien le ofrecía su apoyo o un favor. ¿Pero cómo no hacerlo? Estaba convencida que quedaban pocas personas honestas en el mundo; y el claro ejemplo de eso, le acababa de ocurrir con Grupo Vietz.
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