27.

1480 Palabras

Pasadas la media noche alguien arroja piedrecillas a la ventana. Malhumorada se levanta de la cama para ver quién diablos molesta a esa hora. Es Hans, apoyado en su carro. Se pone nerviosa, demasiado nerviosa —¿Qué hace en mi casa, después de todo lo que dijo en la oficina de Thompson? Mira el reloj, son las dos de la madrugada. Sabe muy bien que Hans insistirá hasta el cansancio para conseguir lo que buscaba. Baja. —Pijama de ositos. Qué sexy —comenta al verla en la puerta — ¿Qué esperas? Déjame pasar. Ni loca lo haría. Imposible. —¿Qué haces aquí? —pretende sonar tajante. —Te busqué toda la semana... ¿Dónde estabas? —Eso no te incumbe, Hans. —Me gusta que me llames por mi nombre —sonríe—. Bien, o me dejas pasar o vienes conmigo. —¿Por qué lo haría? —Ya vi a tu hermana... está

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