Gaby no tiene ganas ya de ir a la escuela, no piensa volver al lugar de sus tormentos. Deja de ir al entrenamiento. Por último se planta frente a Amalia. —Ya estoy harta, quiero que me cambies de escuela. —Ay, hija, eso es imposible, ¿qué sucede ahora? Creí que ese tema estaba solucionado. —No me importa si tengo que ir a uno estatal, por mí estará bien… Sólo sácame de ese infierno. —¿Qué te ha ocurrido esta vez? Gaby se arma de valor y le cuenta sin detalles que no se llevaba bien con los demás, nunca admitiría que se sentía humillada, que sus amigas la han defraudado. — ¿Dejarás que ellos te ganen? — No es así de simple, mami, quiero volver a Buenos Aires. — Mira, hija, vos sos inteligente y hermosa. Lo mejor que puedes hacer es usar tu tiempo bien. ¡Así valdrá la pena! — Lo d

