Ahí estaba yo, mirando detenidamente a Roxana, ella me gustaba tanto. Sus ojos, su sonrisa, aquellos labios encantadores que me besaban a cada instante. También ese cuerpo, uno que era perfecto a mi medida, con excelentes atributos de mujer y con un imán que me hacía querer estar cerca de ella a cada instante. Llevábamos 6 meses de relación en los que a mí gusto solo habían ocurrido cosas buenas entre nosotros. Experimenté cosas nuevas y muy placenteras con ella, atreviéndome a decirle algo formal. En ese tiempo ella también me consideró como algo serio y una persona digna de dar un nuevo paso y este fue llevarme a su casa. Cuando la conocí me había platicado que venía de otro estado, tuvo que hacer esto para poder estudiar y que sus padres le apoyaban enviando algo de dinero para sus g

