" ¿Mataste a mis padres? " Mi voz temblaba, apenas un susurro. Me picaban los ojos, llenos de lágrimas que desdibujaban los rostros a mi alrededor. Quería que fuera mentira. Necesitaba que lo fuera. Samuel no dijo ni una palabra. No podía. Con la cabeza gacha, la mandíbula apretada, las manos cerradas en puños a los costados. El silencio hablaba más fuerte que cualquier confesión. Mi pecho se hundía con el peso de la traición. El hombre al que había amado —tan profundamente, tan imprudentemente— fue la razón misma de la muerte de mis padres. Y durante todos estos años, creí que simplemente me habían abandonado, que me habían dejado pudrir en ese orfanato como si no importara. La vida me había jugado la broma más cruel. " Denise, cálmate, cariño ", trató de razonar mi padre suavemente,

